La vida sigue igual
Esta vez no se podrá decir que no hubo intentos. T-Mobile destrozó la carrera y Basso demarró varias veces. Pero Armstrong no cede. Si se descolgó en Pailheres fue sólo un espejismo, uno de esos trucos que usa para desmoralizar a sus rivales. Hoy llega la etapa reina con un claro favorito.

Hay quien dice que si el Tour fuera un concurso de inteligencia también lo ganaría Armstrong. Quizá, aunque creo que quien menos se cansa, quien menos se deja atrapar por el agotamiento, mantiene siempre un punto de lucidez por encima de los demás, sin que necesariamente sea por ello un finísimo estratega. De lo que no me cabe duda es de que si el Tour fuera un concurso de inteligencia no lo ganaría Ullrich.
En el ascenso a Pailheres sucedió lo más sustancioso de la etapa. T-Mobile dinamitó la carrera en las primeras rampas, dejó a Armstrong sin compañeros y Vinokourov remató el esfuerzo con un ataque seco y violento, de los suyos. Entonces, inexplicablemente, Ullrich fue a la captura de su compañero llevándose al americano a rueda. Fue en la siguiente escaramuza, cuando el líder flamante se quedó sin respuesta y se descolgó, junto a Mancebo y Rasmussen. Sorpresa. Alarma. El rey en jaque. Hay Tour.
Basso y Ullrich pasaron un buen rato mirando hacia atrás, como si les costara creerlo o como si le echaran de menos. Cuando su ventaja rozaba los 15 segundos, Armstrong demarró con facilidad y atrapó a sus atrevidos enemigos en un abrir y cerrar de ojos.
Análisis.
Como yo no entiendo la jugada he pedido ayuda a diferentes analistas. Unos me aseguran que Armstrong es como el muñeco diabólico y que juega con sus rivales, y otros afirman que lo que pretendía era vigilar a Rasmussen, su adversario más próximo en la general, para darle luego un golpe brusco e incontestable. Como soy obtuso, sigo sin comprender qué beneficio logró que no hubiera obtenido de responder al ataque en primera instancia. Me inclino por creer que el triunfo final sirve para dar una explicación genial a ciertas cabriolas sin mucho sentido.
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Hubo reagrupamiento a los pies de la última subida y Vinokourov, aunque acababa de enlazar y estaba muerto, volvió a intentarlo (es kazajo). Su propio equipo volvió a darle caza. El líder, Ullrich y Basso fueron recortando tiempo al austriaco Totschnig, único superviviente de una antigua escapada y al final ganador. Entre sus muchas virtudes, Armstrong tiene la habilidad de convencer a sus enemigos de que ayudarle les beneficia. Por eso le dan relevos. Y por eso, él los ataca después, por pardillos.
Así fue, como siempre. Armstrong, dominador, físico y moral. Más allá, Basso y Ullrich. Mancebo, todavía más lejos. La etapa reina de hoy ya tiene rey, me temo.