"No pudimos hacer más para salvar a Galletti"
Javier Líndez y Juan Manuel Rivas, ciclistas de la Selección de España, intentaron reanimar el miércoles a Alessio Galletti, como muestra la foto cedida por El País. Ambos relatan en AS esos 40 minutos de angustia.


Rivas: "Seguía aún vivo, pero agonizaba"
"He tenido experiencias peores, porque hice la mili en la Cruz Roja. Recuerdo por ejemplo a un quemado... ¡Horrible! Pero al tratarse de un ciclista, un compañero de profesión, siempre te impresiona mucho. Yo intenté ayudar lo que pude, pero había mucha confusión, muchos nervios... Alguien proponía algo y otros decían que no. Y, claro, tampoco querías arriesgarte a meter la pata por listillo.
Nos encontramos a Galletti allí tirado en el suelo, sin poder respirar. Primero, alguien le sacó la lengua. Y luego le buscamos el pulso. Javier Líndez no se lo encontró en la muñeca, pero yo sí se lo tomé en el cuello, en la arteria carótida (éste es el momento que recoge la imagen). El italiano seguía todavía vivo, pero agonizaba. Yo creo que murió pronto, enseguida se le pusieron los labios morados.
Líndez y un guardia civil le hicieron un masaje cardiaco, pero existen posibilidades mínimas de que alguien pueda salir de una parada cardiorespiratoria sin instrumental, sólo con las manos. Nuestra esperanza era la ambulancia de la carrera, pero cuando apareció resulta que sólo era asistencial, con una camilla para transportarlo. Nada más llegar quiso evacuar a Galletti, pero le dijimos que no, que había que atenderlo antes. Cuando por fin llegó la UVI Móvil, ya no había nada que hacer. La asistencia no llegó a tiempo. No sé si aún así se hubiera salvado, pero..."
Líndez: "Decidí darle un masaje cardiaco"
"El miércoles viví el peor momento de mi vida. Todos los ciclistas nos vimos reflejados en Galletti... Fue espeluznante. Íbamos un grupo de treinta un poco por delante cuando un corredor del Naturino nos avisó de lo que sucedía. Nos dimos la vuelta. Después de que sus compañeros le echaran agua, lo primero que pensamos fue en sacarle la lengua para que no se la tragara. Luego le tomé el pulso, pero no se lo encontré. No sabíamos qué hacer, porque allí sólo estábamos los ciclistas y la Guardia Civil. Entonces pensé en darle un masaje cardiaco y busqué a alguien para que me ayudara. Se prestó un guardia civil. Él le hacía el boca a boca, mientras que yo le aplicaba el masaje.
Cuando habían pasado unos diez minutos llegó la ambulancia de la carrera, pero era convencial, sin instrumental, sólo servía para el transporte. Entonces pedí por allí un teléfono móvil para llamar a mi novia, Patricia, que trabaja en el servicio de emergencias en Barcelona. Yo tengo nociones, pero preferí consultárselo. Nosotros estábamos aplicándole cinco masajes y una insuflación y ella nos dijo que cambiáramos a quince masajes y dos insuflaciones.
A los 40 minutos llegó la UVI Móvil del hospital con el desfibrilador. Pero era tarde. Yo creo que ya estaba muerto. Siempre me quedará la duda de qué hubiera pasado si una ambulancia medicalizada hubiera llegado antes".
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Las ambulancias llegaron rápido
La organización de la Subida al Naranco comunicó en una nota que el número de ambulancias de la carrera estaba en regla. La UCI exige una y la carrera disponía de tres. Y añade que la ambulancia que cerraba la prueba, alertada por la Guardia Civil, llegó en siete minutos. En otra nota, el Servicio de Salud del Principado indicó que su UVI Móvil tardó 15 minutos en recorrer 18 km.