Ademar fue muy superior y acabó con el campeón
Richardson se despidió de la afición española

Yse acabó. La magia de Jackson Richardson nos deja. Se marcha a Francia para jubilarse con los suyos. Ayer, después de luchar lo indecible y de regalar algunas de esas jugadas espectaculares que sólo él es capaz de ver, se retiró cuando faltaba un minuto; un choque con Krivoslikov adelantó su adiós. Para entonces el Portland ya estaba perdido y a merced del Ademar, por eso Jackson se retiró de puntillas, sin hacer ruido, incluso desestimó lanzar el penalti que su compañero Andorinho le ofrecía para marcar un último gol.
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Se va Richardson, el de las trenzas rasta; después de cinco años disfrutando del último Magic del balonmano, le echaremos de menos. Posiblemente haya sido el jugador que más ha hecho disfrutar de su juego a quienes incluso nunca antes habían reparado en este deporte. Balic necesita coger su testigo ya, si no nos sentiremos huérfanos sin este caballero de la Isla Reunión.
Lo peor de la despedida del francés es que lo hizo con una derrota, pero es que el Ademar no está nunca para regalos. Es de esos equipos que no se apunta jamás a los festejos. Viene a Galicia a ganar la Copa, su segunda, y se metió en el partido antes que el rival. En realidad, el Portland no era el mismo que jugó y ganó la Liga hace cuatro días en León. Ayer no estaban ni Jorgensen ni Lubej, con lo cual faltaba la referencia defensiva y el pivote ofensivo. Además, tampoco estuvo Lozano: jugó, pero en ataque falló sus nueve lanzamientos, él que venía de ser el héroe de la final. En cambio el Ademar está en forma.
