Los ciclistas del Saunier Duval amagaron un plante
Pero no encontraron apoyos y al final tomaron la salida. Solidario: Joseba Beloki fue el único jefe de filas decidido a apoyarles.


Con los ojos enrojecidos por la rabia y la impotencia, Fran Ventoso tomó ayer la salida de la 11ª etapa del Giro, un par de minutos después que el resto del pelotón. "Esta noche hablamos, pero vamos a salir", le decía su compañero Juanma Gárate. Los ciclistas del Saunier Duval se habían presentado en Marostica sin intención de competir, como protesta por los registros policiales del día anterior, pero finalmente corrieron tras comprobar que la mayoría de colegas no secundaba su decisión. Ni siquiera tenían el beneplácito de sus propios directores. "Mejor no os metáis en jaleos", les había dicho el mánager, Mauro Gianetti.
El autobús del Saunier Duval arribó el primero a Marostica. Los corredores llegaron sin sus hábitos ciclistas, vestidos de calle... Sólo Pinotti lucía el culotte. "No salir me parece una cagada, pero haré lo que digan mis compañeros", explicaba el italiano, el más reticente a abandonar el Giro, a los periodistas de su país. Y sus compañeros decían que no salían, que no había derecho a que su doctora, María Sagasti, hubiera estado horas retenida por los carabineros sólo por unos sueros glucosados.
Gárate y Rubén Lobato, dos ciclistas que han corrido en equipos italianos, recorrieron los vehículos para informar a los corredores de su intención. Hablaron con varios líderes. Gilberto Simoni les mostró su comprensión, pero les dijo que él tomaría la salida. Ivan Basso también se solidarizó de palabra, pero contestó que si sus rivales habían dicho que no, pues que él tampoco.
El Saunier Duval iba de negativa en negativa, incluidos sus colegas del Davitamon, también sometidos al mismo registro. Sólo otros compañeros españoles, sobre todo del Euskaltel y del Liberty, querían apoyar el plante. "El único jefe de filas que verdaderamente nos ha apoyado ha sido Joseba Beloki", explicó un integrante del equipo. Un cuarto de hora antes del cierre del control de firmas, bajaron del autobús ya vestidos de ciclistas, pero aún sin las ideas claras: "Ya veremos si corremos".
Paralelamente, los directores de los 20 equipos participantes celebraban una reunión en un castillo cercano a la meta, acompañados por algunos médicos, entre ellos María Sagasti, que tenía clara su decisión de marcharse del Giro. De este encuentro salió un comunicado de protesta y una intención: "Si volvemos a sufrir un registro así, nos retiramos...". Aunque algún técnico era bastante escéptico: "Como digamos eso, mañana mismo están aquí otra vez".
A la hora prevista, las 12:50, el pelotón formó en la salida. Faltaban los ciclistas del Saunier Duval, que fueron goteando. El primero, Pinotti, un italiano. Ventoso, con los ojos vidriosos, salió por fin, pero llegó el último. No estaba de ánimo. Para colmo les cayeron 500 francos suizos de multa, 100 por cada uno de los que no firmaron el control: Gárate, Litu Gómez, Cobo, Quim Rodríguez y el propio Ventoso.
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"Recupere a los ciclistas con kiwis"
Una de las quejas de los ciclistas era "la falta de profesionalidad" de la brigada especial de antiestupefacientes, conocida como NAS (Nucleo Anti Sofisticazione). Cuando la doctora, María Sagasti, les explicó la función del suero glucosado, uno de los policías italianos contestó: "Si no tiene suero, recupere a los ciclistas con kiwis".