"Los de Stalingrado no podemos perder"
Yelena Isinbayeva, la zarina del salto con pértiga, nació en junio de 1982 en una ciudad de la estepa rusa que desde 1961 se llama Volgogrado. Pero en 1943, Volgogrado era Stalingrado: la ciudad donde el Ejército Rojo volcó la II Guerra Mundial. Ciudad de héroes y de campeones: como Isinbayeva.


La tigresa de la pértiga y de los grandes ojos azules se va a mudar a la calle del General Rokossovski, uno de los héroes de la gran batalla de Stalingrado. En un todoterreno BMW X-3 plateado, la tigresa de ojos azules, Yelena isinbayeva, es la nueva zarina de Stalingrado-Volgogrado y de la pértiga mundial. Usted misma, Yelena...
(Aquí, junto al banco del inmenso Volga, está enterrado Rubén el hijo de Dolores Ibárruri: Pasionaria. Cayó aquí como un piloto heroico del Ejército Rojo. Aquí, entre la estepa y el Mar Caspio, se detuvo la punta de lanza de la Wehrmacht, el VI Ejército de Hitler y del mariscal Paulus. Este es el reino de Isinbayeva, que habla un inglés tímido, pero fluido).
Tenemos muy presente la historia de nuestra ciudad. No sé si por eso salen de aquí tantos campeones. Sabemos que somos una especie de embajadores de un espíritu ganador que nos acompaña. Ese espíritu nos dice que los de Stalingrado no podemos perder.
Yelena, usted ya sólo lucha contra sí misma. Ha mandado al retiro a Stacy Dragila, parece que puede saltar cinco metros cuando le venga en gana, y no se ve una sola rival en su camino hacia el cielo. Compararla con Bubka es lo mínimo que se puede hacer.
No voy a ocultar que ya he saltado cinco metros. Fue en un entrenamiento, en 2003, ya con mi actual pértiga, una UCS Spirit de 4.45 hecha en Carson City, EE UU, la misma fábrica de las de Bubka. Con la nueva pértiga, de 4.60, confiamos en pasar 5.20: al menos. Pero claro que tengo que ir batiendo el récord centímetro a centímetro: me propongo formar una familia al menos con cuatro hijos, y tengo que alimentarlos bien. Y hay una plusmarca de Bubka que tengo como gran objetivo. El mejoró 35 veces la plusmarca mundial masculina. A mí me gustaría hacer 36 veces la plusmarca femenina.
A ver si nos vamos entendiendo sin secretos. Aleksánder Lisovoi, su entrenador de gimnasia en la Escuela Deportiva Número 10, en Voroshilovsky, dice que Yelena Isinbayeva es tan buena saltando... porque no pudo ser una gran gimnasta. ¿Lo explicamos?
Hice gimnasia deportiva en la Escuela desde los cuatro hasta los 12 años. Ahí fue cuando crecí, hasta pasar de 1.70 (1.74 actualmente). Habíamos competido incluso contra Khorkina en algunos torneos nacionales por equipos. Pero yo no me puedo comparar a ella: en lo suyo, Khorkina es maravillosa, irreal. Me encantaban los ejercicios de saltos en suelo y el potro con músicas como Ronda Veneciana. Pero crecía demasiado para la gimnasia. Un día, en 1997, me atrajo cómo saltaba la entonces plusmarquista mundial de pértiga: la checa Bartova. Lisovoi dijo que probara en la pértiga, que me podía venir bien. Me presentó a Evgueni Trofimov, que al principio no quería cogerme porque decía que sólo entrenaba a hombres y pasaba de pertiguistas femeninas. Hasta que aceptó...
(El bigotudo Trofimov, presente, gruñe. Y sentencia: "La cogí por esos ojazos azules que tiene... y por la fuerza que se le adivinaba. Entonces, en nuestro sistema no contaba la pértiga femenina. El futuro dirá hasta dónde va a llegar. El futuro... y el ritmo").
Y ponerse a saltar fácilmente 4.90 o más de buenas a primeras. ¿Fue cosa de Trofimov, de la gimnasia, o de que Isinbayeva es una diosa alada, además de una tigresa?
La gimnasia me dio una coordinación especial para el tren superior (calentando en la gran pista bajo techo, junto al Volga, Isinbayeva hace estiramientos imposibles, como asanas de yoga: y guía la pierna hasta angulaciones llenas de flexibilidad prodigiosa)... por eso mismo no quiero hacer demasiadas pesas, para no romper la armonía muscular. Sí necesito progresar más en la velocidad de carrera: tengo 12.5 en 100 metros y 3.9 en 30. Debo ser más rápida. También puedo mejorar mi test en pectorales en el banco,70 kilos.
Si tiene que mejorar tanto, entonces sigue habiendo algo que se nos escapa...
Lo veremos ahora que empiezo mi concentración para el verano junto al Monte Elbrus, a 800 metros de altura, en el Cáucaso. Y sin periodistas, ¿eh...? No, a ver: mi principal rival soy yo en la barra. Si me gano a mí misma, le gano a la barra. Mire lo que me preguntó el presidente Putin, una de las tres veces que me ha recibido: "¿Cómo se siente uno allí arriba, en esos saltos...?" Pues esa es la clave. Disfruto como una loca cuando vuelo allí arriba. También siento perfectamente cuándo se me odia. Sé que a veces se me odia. Y entonces me digo: "Yelena, no te está permitido relajarte".
Un inciso: ¿qué se cuenta a sí misma, cuando va a saltar, en esas conversaciones que sólo escuchan usted... y la pértiga.
Es secreto, secreto (ríe). Una motivación personal que me tengo que reservar para mí. Nadie más debe saberlo. Es como una plegaria a mí misma para subir más alto y más alto. Y en los Juegos de Atenas me ayudó mucho, cuando estaba más nerviosa porque podía perder el título olímpico.
Pero estábamos en que uno de sus secretos psicológicos era "sentirse odiada". ¿Tan fina o tan venenosa tiene la epidermis? Por cierto, ¿Isinbayeva es rusa-rusa?
(...) Mire lo fácil que se ve esto: cuando yo no ganaba títulos y era una recién llegada, Stacy Dragila siempre me saludaba con una sonrisita: "Hola, ¿qué tal, pequeña?" Cuando empecé a ganar y a batir récords, se le acabaron las sonrisitas y los saludos. ¿Me dice que ahora está dedicada a las motos? Pues que bien. No, con Feofanova no tengo contacto. Ella está en Moscú. Con las otras campeonas de aquí, de la ciudad, Slesarenko y Lebedeva, sí hay una buena amistad... por encima de la rivalidad que la gente de aquí mantiene a cuenta de nosotras.
Insisto: me parece que usted no es del todo rusa.
No, no del todo. Mi padre, Gadzí, es un musulmán de Daguestán. Mi madre sí es totalmente rusa. Y yo me siento totalmente identificada con Rusia. A veces también recuerdo los juegos y las pequeñas competiciones que mi madre hacía conmigo y mi hermana Inna, que ya está casada. Ahí también fuimos desarrollando la competitividad.
Lo que yo veo detrás de esos ojos azules y de ese aire felino, como de acróbata, es algo más inquietante. Isinbayeva, en la pista sólo maneja tres resultados: ganar, ganar, ganar. "Ni un paso atrás", le dijo aquí el Camarada Stalin al Ejército Rojo. ¿Usted lo escuchó?
Pero hombre... agresiva sí que soy. No salto por dinero, aunque me importa, no salto por interesar a los hombres. Salto por mí y por mí satisfacción personal.
¿Se movería de Volgogrado?
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¿Por qué iba a hacerlo? Esta es mi ciudad, aquí lo tengo todo. En verano, esto se llena de flores preciosas. Quiero tener mi familia con mi novio, Igor, que está con nosotros en nuestro mismo grupo de entrenamiento. Tengo un club de fans, voy a abrir mi página de Internet. En verano, cuando pase el Mundial de Helsinki, volveremos Igor y yo a los ferrys del Volga: hay caviar rojo, están haciendo un gran puente para ir a Volschky...
(Hace 60 años, el Ejército Rojo tomó Berlín a bordo de carros de combate T-34 y Iossif Stalin: como los que vigilan el Museo Panorama, aquí, en Stalingrado. Éstos T-34 habían disparado aquí, en Stalingrado, contra el VI Ejército de Paulus. Los repararon para que entrasen triunfantes en Berlín. Yelena sube a uno de los carros y se deja reconocer por el Ejército ruso que rodea el Museo: una más entre ellos. El Volga no nos queda a más de cinco metros...)