La primavera ciclista quiere hablar español
Freire, Valverde y Flecha aspiran a todo en las grandes clásicas.


La frase es reciente y la pronunció una de las estrellas del pelotón mundial: "Prefiero la Vuelta a Murcia, antes que la Milán-San Remo". Alejandro Valverde es el responsable de la cita, pero su ideario ha cambiado, al igual que la tendencia del ciclismo español. El líder del Illes Balears partirá mañana entre los favoritos de la Milán-San Remo, una carrera legendaria que cumple su 96ª edición y que abrirá la primavera ciclista de las clásicas.
Este año, más que nunca, los españoles figuran en los pronósticos para triunfar en las grandes clásicas de primavera. El principal culpable es el tricampeón del mundo Óscar Freire, que precisamente defiende título en la Milán-San Remo. En un ciclismo de escaladores y vueltómanos como el español, el cántabro ha marcado una nueva moda y ha resucitado al mítico Miguel Poblet, el único histórico que se atrevió con las clásicas en los años 50.
Freire lo tenía claro desde que llegó al pelotón profesional. En 1998, cuando debutó en el Vitalicio, Javier Mínguez pidió voluntarios para las clásicas. Aquello era un marrón, pero había que cumplir con la UCI y con los organizadores. La presencia en el Tour de Flandes o la París-Roubaix era testimonial. Un trámite. Pero dos debutantes levantaron la mano: Óscar Freire y Pedro Horrillo.
A estos nombres se unieron luego Igor Astarloa, Juan Antonio Flecha, Alejandro Valverde, Ángel Vicioso, Joaquín Rodríguez, Iñigo Landaluze, Vicente Reynés, Martín Perdiguero, Pablo Lastras, Marcos Serrano, David Etxebarria... Ya no hay complejos.
El cénit se alcanzó el año pasado, con tres victorias en clásicas de la desaparecida Copa del Mundo: Freire en la Milán-San Remo; Martín Perdiguero en la Clásica de San Sebastián, y Flecha en el Campeonato de Zúrich. Y con otro triunfo de relieve de Serrano en la Milán-Turín.
Bicho raro.
A pesar de todo, Freire sigue siendo un bicho raro, que firma tantos o más autógrafos en Italia y Bélgica que en España. Otra prueba es que, como le sucedió cuarenta años atrás a Poblet, ha tenido que emigrar al extranjero para correr este tipo de carreras: primero, al Mapei italiano; luego, al Rabobank holandés. Y lo mismo ha sucedido con Flecha y Astarloa. Los ciclistas españoles evolucionan más rápido que los equipos.
Perdiguero, siempre peculiar, define las clásicas desde dos perspectivas. Por un lado, con romanticismo: "La sensación que tienes cuando ganas una clásica es que te sientes Dios, te vuelves loco por la cantidad de gente que hay. Por otro, más materialista: "Los ciclistas españoles somos más inteligentes y nos hemos dado cuenta de que se gana más dinero venciendo en una prueba de un día que en una vuelta".
Las clásicas de primavera son las más prestigiosas. Entre ellas se incluyen cuatro de los cinco monumentos del ciclismo: la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la París-Roubaix y la Lieja-Bastoña-Lieja (el quinto es el Giro de Lombardía, en octubre). La Amstel Gold Race (Ia más joven), la Flecha Valona y la Gante-Wevelgem completan este año la lista del ProTour.
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En el palmarés de estas clásicas sólo figuran cuatro triunfos españoles: tres en la Milán-San Remo, con Poblet (1957 y 1959) y Freire (2004), y uno en la Flecha Valona, con Astarloa en 2003. Pero tampoco hay que dar mayor relevancia al dato. Si no se han ganado más, ha sido sencillamente porque no se preparaban como ahora.
La Lieja-Bastoña-Lieja, por fechas y por recorrido, era la única donde de vez en cuando se asomaba algún español. Pedro Delgado y Miguel Indurain fueron cuartos en 1989 y 1991, respectivamente. Y entonces surgió la osadía de llamarla "la clásica más española". Pero permanece virgen, a pesar de que David Etxebarria encadenó dos podios: segundo en 2000 y tercero en 2001. Aunque, según están las cosas, la Decana no tardará demasiado en caer.