España no falló y luchará contra Túnez por la final
Hombrados, Alberto Entrerríos y Urios hundieron a Noruega

En la noche previa a la jornada decisiva la cátedra estaba dividida en un hotel de Jasmina Hammamen. Cuando hablaba el corazón nos veíamos en semifinales; cuando contestaba la razón, nadie quería pronosticar. Noruega llegaba embalada, y España estaba relamiéndose las heridas sufridas en la moral ante Serbia, con un empate in extremis, aquella bocada de aire que, sin embargo, ha resultado decisiva. Era impensable ganar de la manera que se hizo, era inimaginable un último partido con un final tranquilo, deleitándose con el juego español, clasificados para las semifinales de Túnez. Sí, porque la España que levantó tantas dudas 48 horas antes, ayer arrasó de manera incontestable a un conjunto Noruego a la deriva.
Ayer pasó que Hombrados se agigantó en la portería. Se movió como un felino, tapó todos los huecos, adivinó los tiros, salió como un resorte a cubrir los ángulos más inverosimiles. Sus paradas dieron consistencia a la Selección porque detuvo dos penaltis seguidos en los minutos de tanteo, y los noruegos le vieron como una muralla, y sus compañeros entendieron que tenían las espaldas cubiertas. Hombrados mandaba mensajes en una doble dirección, para unos era un alivio; para otros un calvario.
Para que un portero funcione necesita también de la defensa, ayer sólida, eficaz, y poco a poco ajustándose sobre el pivote Loke, el único que de verdad causaba estragos en la primera parte. Allí estaba el equipo formado, corajudo, concentrado, conocedor de lo que le iba en la batalla. Nadie se escondió, todos a una. Desde allí se fraguó la victoria.
Quedaba el ataque. Ayer no fue un día para los extremos. Rocas y Juanín García tuvieron un protagonismo menor. No eran necesarios en el juego contra el 6-0 noruego. La primera línea encontró posibilidades de tiro, y además conectó con los pivotes. No es casualidad que ayer Rolando Urios se fuese a los siete goles, él que reclamaba más juego tras haber recibido tan sólo dos pases ante Serbia.
Vendaval.
Sí, los pivotes eran la clave, el juego por el centro daba resultados, pero también los laterales encontraban huecos y facilidad para lanzar. El ritmo español fue inhumano, y la Noruega crecida se fue hundiendo poco a poco. Era el partido que necesitaba Alberto Entrerríos, que aún no había brillado a su nivel. Y lo hizo.
En la segunda parte aquello fue un vendaval. Antes de que Noruega asentase sus reales en la pista ya había recibido un parcial asesino de 4-1. Aquello era definitivo. El conjunto nórdico se quedó sin respuestas, sin Solberg en la dirección, sin Kjelling en el lanzamiento, sin Jensen para defender (ahora expulsado tras la tercera exclusión). Todo quedó en un paseo español, completando su mejor partido en este Mundial y abriendo la esperanza a lo que está por venir: una medalla.
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Tercera vez que se accede a las semifinales
España participa en unos Mundiales por decimotercera vez en los diecinueve campeonatos que se han organizado. Aunque ha ido escalando posiciones paulatinamente, nunca ha subido al podio. La primera vez que estuvo en unas semifinales fue en el Mundial de Egipto en 1999, cuando una decisión arbitral (expulsión de David Barrufet) en los últimos segundos nos privó de la medalla; la segunda semifinal fue hace dos años en Portugal, cuando se perdió el pase a la final en la segunda prórroga ante Croacia, y al día siguiente tampoco se pudo derrotar a Francia en la consolación. De los cuatro semifinalistas de hace dos años sólo falta Alemania (su puesto lo ocupa Túnez), por lo que a la tercera a España le toca jugar por fin una final. Lo dice la estadística popular, que a la tercera va la vencida. El refranero es sabio.
