Atenas 2004 | Gimnasia

Deferr rompió el maleficio del oro

Se repitió la historia de Sydney, y en la final de salto se sacó toda la frustración de su fallo en el suelo

"Con saltos de valor 9,90, tenía que clavarlos para ganar".
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Esto sólo se entiende desde la genialidad, comentaba el seleccionador nacional Álvaro Montesinos para explicar cómo Gervasio Deferr le daba la primera medalla de oro a España en estos Juegos Olímpicos. El yurchenko con un mortal y doble giro y medio sobre el eje longitudinal, puntuado con un 9,678, y el sukahara, precedido de una rondada, extendido con doble giro y medio sobre el eje longitudinal, 9,787, para una nota final de 9,737, le otorgaron a Deferr su segundo oro olímpico. La caída del ruso Bondarenko, uno de los favoritos, y el mal aterrizaje del rumano Dragulescu en el segundo salto, cuando tenía el primer puesto en el bolsillo, contribuyeron al grandioso éxito del gimnasta español más laureado de la historia.

Sancionado con dos años (se quedaron en tres meses) por consumo de cannabis, operado de los hombros, y habiendo superado la muerte de su hermanastro, el chico que dice que la calle fue su juguete preferido, volvió a salirse con la suya: Unas veces doy la de cal y otra la de arena, o sea, el mismo parámetro por el que se rigen los genios.

Deferr volvió a lucir esa pasmosa tranquilidad para afrontar las grandes competiciones, la que en la final de suelo no apareció.

Ayer fue todo lo contrario que en la víspera. Si en el inicio del ejercicio de su aparato preferido (suelo) se le vio tenso, ayer rezumaba aplomo.

Apoyado en una tipología ideal para el salto, el centro de gravedad bajo y un potentísimo tren inferior, necesitaba clavar uno de los dos saltos para optar a medalla porque las notas de partida del yurchenko y del sukahara, los dos saltos que ponía en juego en la final, tienen un valor de partida de 9,90 frente al 10 con el que salían muchos de sus rivales en la final.

En el primero no lo hizo, no llegó a clavarlos como él hubiese querido. Pero fue en el segundo de los dos saltos cuando con su capacidad competidora fue capaz de hacer lo que parecía imposible, lo que agranda aún más esa capacidad para saber citarse con la historia.

Deferr, ahora sí, aclavó el salto, su sukahara, y volvió a sentirse campeón. Se abrazó con el seleccionador y volvió a sentirse Gervasio Deferr. El campeón olímpico. Aún quedaba un competidor por detrás, pero ya tenía la plata asegurada. Se trataba de esperar, de dejar la nota boca arriba y ver si Dragulescu podía levantarla. No pudo. Ganó Deferr, como en Sydney, con el salto se sacó la espina.

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Los Duques de Palma, Iñaki Urdangarín y la Infanta Cristina, bajaron en persona a la zona mixta para felicitar a Gervasio Deferr por su segunda medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Deferr estuvo departiendo con la Infanta durante un par de minutos y le mostró orgulloso la medalla. Otro de los que bajó a saludarle y se fundió con un fuerte abrazo con él fue su compañero de Selección Alex Barrenechea. Deferr también pudo hablar, a través de la Cadena Ser, con sus padres. Viste viejo, qué paso. le dijo a su padre. Allí mismo, Deferr reconoció que dos minutos antes de salir a competir le había enviado un mensaje a su entrenador de toda la vida, Alfredo Hueto. Si en Sydney se tatuó el logo de aquellos Juegos, cuando llegue a España hará lo mismo con los de Atenas.

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