Un campeón enamorado de la montaña
Una medalla de mountain bike es el gran sueño de este joven catalán que se ha criado en pleno Pirineo.

Viviendo en pleno Pirineo catalán, tenía que gustarle la montaña. Y con su espíritu deportivo, la bici debía ser su medio de transporte habitual en Puigcerdá (Girona). La ecuación es fácil de despejar: A+B=bicicleta de montaña. José Antonio Hermida (24/8/1978) llegó al mountain bike casi por casualidad, pero su talento puede convertirle en el mejor biker español de la historia.
Como premio por empezar a estudiar el Bachillerato, José Antonio les pidió a sus padres una bici de montaña. Ya le gustaban todos los deportes, pero su vida cambió en el momento que aparcó su monopatín y se puso a dar pedales. Ganó la primera carrera de aficionados en la que compitió y desde entonces su trayectoria ha sido casi imparable.
Sus primeros éxitos nacionales (con tres títulos Sub 23) fueron sólo el anticipo de su salto a la fama. Se produjo en el mejor escenario posible, en casa, durante los Campeonato del Mundo de Sierra Nevada en 2000. Allí, en la estación granadina y con la Alhambra de testigo en la lontananza, conquistó la corona mundial de su categoría (menores de 23 años). Estaba claro que Hermida era sinónimo de calidad. Los Juegos de Australia le esperaban.
Rozó el podio.
Y allí estaba, fascinado con Sydney y dispuesto a dar la campanada ante la élite olímpica. Y la dio, vaya si la dio... A punto estuvo de colgarse una medalla al cuello, porque con caída y avería de cadena incluidas se clasificó cuarto.
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Ahora llega a Atenas dispuesto a subir en el escalafón, con el podio como único desafío. Y no es un farol, atraviesa un excelente momento de forma que refrendó el domingo consiguiendo su segundo título continental absoluto (ya fue campeón de Europa en 2002). Toda su preparación (seis horas diarias planificadas por Quim Forteza, que de esto sabe un rato) se ha dirigido a estar a tope en los Juegos y parece que el objetivo se ha conseguido con creces.
José Antonio está fino. Mide 1, 72 m y su peso óptimo se sitúa sobre los 63 kilos. Le siguen apasionando los deportes de montaña (en invierno hace mucho esquí de fondo), aunque tampoco deja de buscar un hueco para estar con su novia y sus amigos, disfrutando de un buen capuccino.
