Aroma de sexto
Golpe de mano de Armstrong en la primera etapa pirenaica

Si Armstrong gana el sexto Tour, que tiene toda la pinta, no será una deshonra para la historia de la carrera ciclista más importante del mundo, lo comento porque hay quien lo piensa. No significará tampoco que el americano es mejor que Anquetil, Merckx, Hinault o Indurain, los pentacampeones, pues todos ellos presumen de un palmarés más completo que incluye otras grandes vueltas. Querrá decir, eso sí, que Armstrong fue superior en el Tour y entonces podremos discutir si lo fue por dedicarse a él por entero o si lo fue porque sus rivales no eran tan fieros, hasta que alguna solemne autoridad nos diga que las épocas no se pueden comparar, con lo bien que se pasa haciéndolo.
Yo creo que es un honor ser vencidos por Armstrong, cuya vida es un ejemplo de superación deportiva y personal. Y eso no implica rendirse de antemano, ni acobardarse ni salir acomplejados desde el prólogo, algo que, tristemente, ocurre en muchos casos. Porque tal ha sido su dominio en estos últimos años, tal el respeto que inspira, que sus adversarios naturales han terminado por esperar su extinción antes que buscar su aniquilamiento.
Por eso nadie atacó camino de Saint-Flour. Y por eso nadie se la jugó ayer en el Aspin, la montaña que precedía a La Mongie. Y a falta de acontecimientos extraordinarios que rompan el guión, de imprevistos que le obliguen a sobreesfuerzos, a falta de locos que quieran ser héroes o muertos, Armstrong gana. Si se llega al último puerto en grupo, si se permite que su equipo marque el ritmo, si sigue vivo a cinco kilómetros, Armstrong gana. Ayer ganó Basso, pero ustedes me entienden.
Se me puede alegar que si las fuerzas no acompañan la mejor táctica es papel mojado, y es cierto. Podrán justificarse así Mayo, que perdió 1:03, Ullrich (2:30), Heras (2:57) o Hamilton (3:27). Pero si el destino es perder (y lo ha sido los últimos cinco años), es mejor hacerlo con grandeza antes que desangrados. Y no lo digo tanto por ayer como por lo que queda, que es muchísimo, terreno suficiente para dinamitar la prueba si es que los que tienen los cartuchos no se conforman con el podio o con una etapita.
La primera jornada de verdadera montaña comenzó con lluvia y frío y eso desconcertó a muchos aspirantes, que saben que cuando hay tifón Armstrong suele exclamar que hace un día precioso, es rarito. El mal tiempo afecta a los músculos de muchos corredores, siempre se ha dicho, y favorece a unos pocos, precisamente, los que más sufren con el calor. Mal empezábamos.
Sin rivales.
Tal vez eso explique algunos derrumbamientos inesperados y que en el grupo de Armstrong, en el momento de la verdad, no estuviera ninguno de sus rivales para ganar el Tour, porque no creo que lo sea Kloden (promesa en la que habíamos dejado de creer), ni el valeroso Mancebo (lástima de motor), ni el atrevido Sastre (atacó demasiado pronto), ni el revelador Pereiro (aún por explotar, en el buen sentido). Quien más se podría aproximar es el italiano Basso, séptimo hace un año, excepcionalmente regular pero sin capacidad de sorpresa, creo. Él fue el único que resistió el pedaleo del americano, que si no le sacó de rueda en los último metros no fue por falta de energías sino porque le dio un poco de vergüenza, luego le llamamos abusón.
Los demás, los favoritos que mencionábamos y los otros, están obligados ahora a una proeza porque sólo así se meterán en carrera, ahora están fuera. De muchos ya se esperó otros años y no llegó, pero me niego a pensar que todos se resignen a alcanzar así París. Y hoy hay un recorrido maravilloso para hacer volar todo por los aires, para provocar el desconcierto, no sé si para ganar el Tour, pero un trayecto buenísimo para que lo pierda otro, quien escoja la rueda equivocada. Alguien dijo que el sufrimiento es transitorio, mientras que la derrota dura para siempre. Buena frase. La dijo Armstrong, concretamente.
La película
Km 44: Kirchen, Ljungqvist, Vansevenant y Finot tienen 2:40 de renta sobre el pelotón.
Km 98: Mikel Pradera abandona. 3:54 de ventaja para los cuatro fugados.
Km 160: El ritmo se acelera en las primeras rampas del Col dAspin. Los hombres del Quick Step tiran del grupo para favorecer a Virenque.
Km 172. Rasmussen corona el Aspin en solitario.
Km 181. Un grupo, con Ullrich y Mayo, se escapa por delante de Armstrong y le aventaja en 23 segundos.
Km 182. Los hombres del US Postal alcanzan a Ullrich. Rasmussen saca 14 s. a Virenque y Etxebarria y 30 a Armstrong.
Km 190. Ataca Sastre. Virenque, Voeckler, Hamilton, Ullrich y Heras no aguantan las rampas más duras.
Km 193. Mayo y Mancebo en el grupo de Armstrong y Basso. Ullrich a 40 seg.
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Km 196. Último kilómetro para Armstrong y Basso. Sacan 14 s. sobre Mancebo Kloden y Sastre.
Km 197 (meta): Gana Basso, Armstrong es segundo. Mancebo llega 23 s. y Sastre a 32.