Mayo se resiente de una antigua lesión en el codo
El viernes acudió al hospital


Iban Mayo pasó una temporada en silla de ruedas en 1997, tras romperse los dos tobillos y el codo derecho en un accidente de tráfico. Aquel traumático cambió su vida, porque le acercó a Sabino Angoitia, el hombre que diseñó su carrera para pasar a profesionales y que todavía continúa a su lado como manager personal.
Aquel viejo accidente, clave en la vida deportiva de Mayo, ha reaparecido en este Tour. En la montonera del pasado viernes del último kilómetro, el vizcaíno se golpeó contra una valla el codo derecho, el mismo que se fracturó aquel 8 de agosto en el que celebraba su vigésimo cumpleaños. Al principio no parecía nada. De hecho, Julián Gorospe ni se había enterado del suceso al terminar la etapa. Me han dicho todos que están bien, repetía el técnico del Euskaltel.
Pero la cosa se complicó esa misma tarde. El codo de Mayo, donde todavía sobreviven unas grapas del accidente, fue inflamándose y llenándose de líquido. Una dureza, que el vizcaíno conserva desde su operación de 1997, se había desplazado. Iban acudió a un hospital de Angers para descartar males mayores. Se confirmó que no tiene ninguna fractura, pero el dolor seguía siendo molesto.
Con molestias.
Mayo se presentó ayer en la salida con el codo totalmente vendado y muy crítico con la organización: La llegada del viernes estaba demasiado estrecha y pasó lo que todos sabíamos que iba a ocurrir: una caída. Esta opinión de Iban coincidía con las de Lance Armstrong y Tyler Hamilton. El enfado es general.
Las molestias no abandonaron del todo a Mayo durante la etapa: Al principio he sentido dolor, pero he ido a mejor según avanzaban los kilómetros y me calentaba. Mayo sigue superando todas las zancadillas del Tour. Y con la misma ambición: Si sigo aquí, es para ganar.
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Se nos han caído todos menos Elmiger, se lamenta Álvaro Pino. Hamilton, que el viernes dio una voltereta sobre la bici, tiene la espalda como un poema, pero él nos anima a nosotros. Su umbral del dolor es diferente y lo soporta mejor, explica el doctor Arratibel. Y Pereiro también es duro, añade Pino sobre su paisano, que se luxó ese día el meñique y se lo colocó él mismo.