Armstrong otra vez
El triunfo del US Postal deja al pentacampeón como líder

La contrarreloj por equipos es una modalidad que premia a los conjuntos más poderosos y perjudica claramente a los buenos ciclistas sin compañeros de fuste, lo que va en detrimento de la hazaña personal y también del espectáculo, pues reduce el abanico de favoritos cuando llega la montaña y pervierte la clasificación general individual, que así se llama. Hasta Leblanc ha debido darse cuenta. Sin embargo, en lugar de envainársela, ha inventado un híbrido de crono en la que están prefijados los tiempos a perder. Es como decirles a los escaladores: tranquilos que os vamos a meter sólo la puntita (de la espada, se entiende).
Por eso, la exhibición de US Postal tuvo un efecto menor. Lo que pudo ser media estocada, se quedó en golpe moral, otro. Los carteros cruzaron la línea de meta celebrando el triunfo y Armstrong se vistió de amarillo, su 60º maillot de este color, con lo que iguala a Indurain. Ninguno de los corredores de US Postal se quejó del tiempo que les habían escamoteado y tampoco hablaron, curioso, aquellos que consideraron la etapa del pavés como una conspiración judeo-masónica.
Una vez aplicada la ley Leblanc, que prescinde del crono verdadero y lo reinterpreta, al Phonak le regalaron 47 segundos, al Illes Balears 49, al Liberty y al Euskaltel 1:15. Y así queda la general a espera de la montaña: Hamilton a 36 segundos, Sevilla a 44, Ullrich a 55, Mancebo a 1:01, Heras a 1:45, Simoni a 3:22 y Mayo a 5:27. Es decir, que nadie haga las maletas ni se enganche a la telenovela, porque hay Tour.
Insisto en que la carrera está viva porque ver a Armstrong en el podio vestido de amarillo ha causado cierta ansiedad entre aquellos que soñaban con el cambio de régimen y que ahora mascullan que nada es posible y que ganará el sexto; parafraseando a los Nikis, pero al revés: los McDonalds ya no están de vacas flacas, han vencido a la tortilla de patatas.
No es para tanto. Recuerdo que la situación después de dos cronos solía ser más deprimente. Y recuerdo también que vestirse de líder en el sexto no garantiza el éxito: Eddy Merckx y Bernard Hinault lo perdieron. Y tampoco es un récord enfundarse seis años consecutivos el amarillo porque Hinault lo hizo en ocho ocasiones. Les imagino más reconfortados.
Por lo que se refiere a la etapa de ayer, hay que reseñar que la mala suerte que nos sobrevuela aterrizó esta vez sobre el Phonak de Álvaro Pino, al que sólo le faltó encontrarse con una mina de la Segunda Guerra Mundial. Pincharon Santi Pérez, Pereiro y Santos González y sólo llegaron cinco corredores a meta, los mínimos para puntuar. Sin incidentes, hubieran estado en los tiempos del US Postal.
En cualquier caso, tanto Hamilton como Sevilla se quedan en una situación óptima y amenazante. Tampoco está mal ubicado Heras, aunque el rendimiento de su equipo estuvo por debajo de lo esperado y algo semejante se puede aplicar a Ullrich, que sigue a tiro. Ni siquiera Simoni está descartado, cuando a estas alturas, en otras ediciones, había ya perdido varias semanas, incluso meses.
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Y no me olvido de Mayo, muy vivo, aunque obligado a una proeza de las que tiene en las piernas. Ayer, tras la etapa, admitió que ahora ve las cosas de otra manera. Menos mal.
Cuando Armstrong se recupere del beso que le dio Sheryl Crow al finalizar la etapa (me río de los vampiros) descubrirá que, haciéndolo él todo impecable, los perseguidores siguen ahí, algunos enfurecidos. Y la mala suerte sobrevolando. No, todavía no ha sido vencida la tortilla de patata. Ni el chucrut.