Yo digo Juanma Trueba

Guti, complejo de artista

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Tiene razón Guti al quejarse de ser el primer sacrificado cuando las cosas van mal, es cierto. Y volvió a suceder esta temporada, después de algunos buenos partidos y de otros que no lo fueron tanto, ni para él ni para nadie. Cuando se necesita un cambio, su sustitución es la más cómoda, la más cobarde a veces, los galácticos contentos, también el público, satisfecho el palco, sector tradicionalista, el patrimonio intacto. Todo eso es verdad, pero se equivoca Guti al lamentarse en público, al disparar a un entrenador de peluche, se equivoca en los morritos, en los gestos, en esa actitud de genio incomprendido. Porque Guti no es tan genial como se cree y se le entiende mejor de que piensa. Es un futbolista brillante, pero limitado por la inconstancia.

La puesta en escena le pierde, los aspavientos le condenan, esa forma de estrechar la mano del presidente mirando al tendido, la desgana en el cambio, esa amarilla provocada con un hachazo absurdo que le impedirá jugar ante la Real, el posterior guiño al árbitro, la metatarsalgia que le libró de entrenar ayer, la sobrecarga de la semana pasada, esa manera de castigar al mundo sin su presencia. Todo eso le ha valido para quedarse sin Eurocopa, para que nadie le reclame, para que nadie recuerde que Guti estuvo ausente en las últimas cuatro derrotas. El artista que desprecia al público es algo viejo, pinto para mí, toco para mí, juego para mí. Mentiras del ego por si algún día nadie mira.

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