Descubrió el secreto de la Coca Cola
Mario Pesquera (León, 13-4-52) siempre ha ido más lejos que la gente de su edad. Afincado desde chico en Valladolid, cuando sus amigos querían jugar él ya pensaba en dirigir, y desde el Universitario, de Segunda División, creaba en un Pucela su escuela particular, de la que saldrían técnicos de élite, como su hermano Alberto, como Gustavo Aranzana, como Paco García...
Fue de los primeros en descubrir que había que seguir a Antonio Díaz Miguel y aprovechar las puertas que el seleccionador había abierto en Estados Unidos. Y allí, a la Meca, en la búsqueda de americanos para el Fórum, o para el Caja de Ronda, o para el Zaragoza, también vio más allá que gigantes de ébano. Sus ahorros los puso al amparo de Coca Cola, y a esperar, "porque renta poco, pero nunca baja".
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Entrenador de detalles, se fue agotando para los banquillos porque aspiraba a más, a dominar el entorno, a imponer su impronta, a mandar. Para eso apareció en el Real Madrid, donde estuvo un año entre dos temporadas (94-96). Fue una experiencia tenebrosa como manager general. Y se fue. Parecía que para siempre, porque se metió en los negocios del ladrillo, en la compra y venta de locales, de esquinas para reformar y revender... Como siempre ha tenido un buen ojo y acierto. Además, como la Coca Cola sigue dando beneficios aunque las acciones suban poco, el baloncesto dejó de ser su profesión.
En eso descubrió que no necesitaba la canasta para vivir, pero sí para divertirse. Y en eso está. Dispuesto a pasarlo bien ahora que su desahogo económico le permite evitarse el "sí bwana".
