Una dulce venganza
Acasi nadie le gusta que le cuestionen. Y menos aún injustificadamente. Y menos aún cuando se es el mejor del mundo. Y menos aún cuando se es el mejor de la historia. Pues es lo que le ocurrió a Michael Schumacher durante el pasado invierno. En la pretemporada, muchos cuestionaron la hegemonía del alemán: que si la edad, que si la motivación, que si los neumáticos... Vamos, que parecía que Schumi estaba listo para coger ese cacareado puente hacia la jubilación.
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El afectado no decía gran cosa, como mucho pedía paciencia o recordaba que la pretemporada se llama así justo por eso, porque sirve para preparar la temporada (obvio aunque los mismos también lo olvidarán). Quizá se estaba regodeando en el dulce sabor de la venganza. Y es que sabía que su momento llegaría, que tendría oportunidad de cerrar muchas bocas a golpe de resultado.
Dicho y hecho. A los 35 años no es que sea tan competitivo como siempre... es que lo es más. Su inicio de temporada es abrumador, casi humillante para rivales entre los que se encuentran algunos de esos que cacareaban su ocaso. Michael debe estar pasándoselo en grande no sólo porque ganar es lo que más le gusta, sino viendo la cara de muchos.
