El fenómeno Rossi no conoce límites
Los triunfos del piloto italiano y su personalidad irrepetible le han convertido en uno de los deportistas mejor pagados del mundo

El fenómeno Rossi no conoce fronteras, no tiene límites. La Rossimanía se apodera del mundo entero, que se rinde ante un piloto excepcional dentro y fuera de las pistas. Si en España siguieron su primer triunfo con Yamaha 2.704.000 personas, en Italia fueron nada menos que 7.633.000 los telespectadores que presenciaron en directo el GP de Suráfrica. Cifra que habla por sí misma de la impresionante popularidad de un deportista irrepetible, tanto por sus éxitos como por su carisma personal.
Unas cualidades que le han llevado a convertirse en uno de los mejor pagados del planeta y, desde luego, el más cotizado del Campeonato del Mundo de motociclismo. Los 15 millones de euros que ingresará en 2004 están lejos de los 65 que gana el golfista Tiger Woods o los 62,5 de Michael Schumacher (según la revista Forbes), pero no por ello deja de ser una cifra inédita en el motociclismo.
Con tabaco. Rossi abandonó Honda para aceptar el desafío de Yamaha básicamente por razones deportivas, buscando nuevas motivaciones cuando pocas le quedaban ya después de haberlo ganado todo. Pero eso no significa que fuera a correr gratis. De hecho, El Doctor renunció a una cláusula de conciencia en contra de la publicidad del tabaco para que Yamaha pudiera satisfacer sus pretensiones económicas. Los nueve millones de euros que cobra como ficha son aportados por la multinacional Altadis a través de su marca Gauloises. Éste es el montante principal de su remuneración... aunque no el único.
Su simpatía, espontaneidad y desparpajo le convierten en un inmejorable escaparate publicitario para grandes marcas. La cervecera italiana Nastro Azzurro le es fiel desde prácticamente sus comienzos en el Mundial, mientras que la empresa química Kerakoll le eligió como sustituto del mismísimo Michael Schumacher cuando concluyó su relación con el campeonísimo de Fórmula 1.
Otro dato realmente esclarecedor. Valentino gana más de dos millones de euros al año en publicidad en prensa y televisión, poniendo su desenfadada imagen para anunciar desde gafas de sol a conexiones ADSL de Internet. Otro importante capítulo en su cuenta de resultados corresponde a la explotación de su línea personal. El dorsal 46 que utiliza ineludiblemente es una marca registrada y la venta de todo tipo de productos con estos dígitos le reporta otro millón anual.
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Generoso. Pero Rossi sabe que aunque él es la pieza clave del éxito, su equipo también juega un papel determinante. Los premios en metálico que gana por los resultados en los grandes premios los cede íntegramente a los componentes de su escudería. El año pasado, fueron casi 160.000 euros, cantidad que este año pretende incluso mejorar (lo que significaría que pugna por el título de MotoGP).
En el mismo sentido sabe apreciar la cualificación de quienes le acompañan, de aquéllos que optaron por abandonar la seguridad del gigante Honda para lanzarse a la aventura de Yamaha. Por ejemplo, su jefe de mecánicos, Jeremy Burgess, gana en torno a un treinta por ciento más que cualquier técnico de similar cualificación en los grandes premios, unos 120.000 euros por temporada. A eso se llama ser agradecido...
