Nuevos mercados
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La pregunta parece inevitable: ¿Qué hace la Fórmula 1 en mitad del desierto? Pues la respuesta es también sencilla: satisfacer la ambición insaciable de ese genio de las finanzas deportivas que se llama Bernie Ecclestone. Bahrein se antoja como una guinda para un promotor, básicamente porque los petrodólares parecen circular en la cantidad suficiente como para que el único límite a cualquier proyecto sea la imaginación. Se han gastado 140 millones de euros en construir un circuito en la nada, han creado una bebida para sustituir al champán, han comprado el derecho de codearse con el mismísimo Schumacher y han blindado la región para que los extranjeros se sientan tan seguros como en su propia casa.
Los grandes premios buscan escenarios inéditos, nuevas oportunidades de negocio, universalizar su actividad más allá de las prohibiciones contra determinada publicidad o limitaciones de mercado. Este año han llegado Bahrein y China, pero en el futuro se producirán otras incorporaciones como la de Rusia. Si hay dinero y clientes potenciales, habrá carreras. Así que en Europa deben aplicarse el cuento y no dormirse en la falsa tranquilidad de la tradición. Nombres clásicos se pueden caer del calendario ante la competencia de mejores postores, como ya ocurrió en 2003 con Bélgica. Por suerte, España ya tiene un peso específico en este circo que permite mirar adelante sin inquietud.
