El salto de Rafa Connors
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Ese salto de Rafael Nadal cuando terminó de ordeñar a Federer, vaca suiza, sagrada e impotente, me asalta a través del túnel del tiempo y de los héroes: lo daban Pelé y Gerd Müller cuando goleaban a Albertosi y a Banks en 1970, en México. Ya en 1989, siempre en el aire, Air Jordan voló sobre la vida misma de los Cleveland Cavaliers en una suspensión inolvidable. Fue el mismo salto de Drazen Petrovic cuando en 1989, pero en Atenas, atomizó con 62 puntos al Snaidero de Caserta.
Ese salto, mas un rugido de triunfo y una hemorragia de adrenalina, descargaba Boris Becker. Él hizo escribir a McEnroe: "Cuando sacaba pecho en Londres, Boris parecía que nos estaba diciendo: Suerte tuvisteis de que no os ganáramos la guerra". Pero hubo alguien que también saltaba así. Como Nadal, tenía el revés a dos manos. En 1991, casi con 40 años, aún intimidaba en los Grand Slams. Era Jimmy Connors, Corazón de León. Una madrugada del último febrero, en un comedor glacial de Brno, Rafa Nadal nos repitió ese salto a la veintena escasita de españoles que celebrábamos allí su asalto a la fama y el K. O. de los checos en Chequia. En el salto prodigioso que humilla a Federer, ahí van el corazón de león y el carisma de Connors. Tras la vaca suiza de Miami, ahora toca en Palma en la Davis, la frisona holandesa. Nada para Rafa Nadal Connors.
