Casta y garra
Empate que le sabe a victoria a un Villarreal diezmado pero que agobió a un Atlético vulgar y en el que destacó el Niño

Salvo el cuarto de hora inicial, el Atlético volvió a moverse al ritmo que marcaba un Villarreal diezmado pero que con casta y corazón se merecieron mejor suerte, en especial si su pistolero Anderson hubiera tenido algo más de tino. El partido tuvo un ritmo altísimo, condicionado por un terreno de juego rápido por la lluvia. El Niño volvió a ser la referencia rojiblanca. De salida metió el miedo a los castellonenses, reforzados con Coloccini como central. Hasta una gran asistencia de Aguilera la enviaba al poste de Reina. Parecía que los madrileños se adueñaban del encuentro. Puro espejismo. Enseguida el trabajo a destajo de Senna y el chaval Verza, más la movilidad de Víctor y Anderson achicaba al Atlético. Martí, en centro chut, y Anderson lanzaban dos balones a los palos de Aragoneses. Nadie se dedicaba a parar, mandar y templar.
Era un duelo de ida y vuelta, con la ruleta del tanto rondando las dos porterías. Anderson tuvo una clara oportunidad que se le iba fuera por poco. Las fuerzas estaban muy igualadas y también sobresalía con luz propia la garra y entrega de un Sergi que parece que está atravesando su segunda juventud.
El Villarreal no notaba el cansancio de su hazaña ante la Roma y ahogaba a los centrocampistas de Manzano que no se enteraban de qué iba la fiesta. La consecuencia es que al fi nal surgió la fi gura del pelotazo como recurso para llegar hacia los delanteros, que tenían que inventar acciones imposibles para poder marcar. De poco valían las acciones a balón parado, salvo un claro cabezazo de García Calvo que salía fuera cuando estaba en condiciones inmejorables ante un Reina casi batido.
Sin cabeza. En el segundo tiempo la imagen atlética se fue empequeñeciendo. El Villarreal saliendo a la contra era el único que daba sensación de romper la igualada. Anderson era un peligro constante para la defensa madrileña. Una asistencia suya a Víctor se quedaba corta. Luego era Aragoneses el que hacía el paradón de la tarde y la única réplica por parte de los rojiblancos fue una gran jugada del Niño, que daba el gol a Novo y su tiro lo fallaba de manera lamentable. No hubiera sido justo. Pese a la presencia de Jorge e Ibagaza en el centro del campo, los atléticos nunca tuvieron dos dedos de frente para manejar el encuentro.
Si en el fútbol hay justicia, el Villarreal se mereció mejor suerte, por asumir su teórica inferioridad técnica y dejarse la vida en cada pelota. El Atlético volvió a la tónica de vulgaridad de toda la temporada fuera de casa y lo que hizo ante el Betis parece que es mera casualidad.
Pese a que suben un escalón en su pelea por la UEFA, sigue dependiendo en exceso de Fernando Torres y se les tendría que pedir mejores argumentos sobre el terreno de juego. La gente de Paquito enseñó sus garras y en especial demostró que su condición física es admirable. No es extraño que en Europa tenga un bloque casi imposible de superar, ya que con la ilusión que tienen su armazón está asegurado.
Una pena que el Niño no tenga los socios apropiados para que cada partido se tenga que guardar en la memoria. Ibagaza lucha, pero no termina de tener regularidad y las bandas de Manzano son una auténtica penitencia esta campaña a la hora de crear peligro.
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Manzano recolocó a la defensa
Manzano habla con García Calvo para recolocar la posición de los centrales y que estaba provocando que Anderson se fuera con facilidad por el centro. Gracias al acierto de Sergio Aragoneses se evitó el tanto de la victoria.
