Yo digo Juanma Trueba

A mí me pasó igual o casi

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El pasado 22 de junio (último partido de Liga, adiós crónica) me rompí el brazo mientras jugaba al fútbol, chutazo con la izquierda, el pie derecho que se me resbala y estampación contra el suelo de hierba artificial que es como cemento con pelos, no se imaginan el dolor. Estuve unos minutos aturdido mientras algunos compañeros me consolaban porque al menos podía mover los dedos de la mano. Me tranquilizó ver que descartaban la amputación. Mi presencia en urgencias, rodeado de tipos agonizantes y yo vestido de futbolista, no resultó muy alentadora y lo fue menos aún cuando una doctora me comunicó el diagnóstico: "Fractura muy extraña, radio roto, tres meses no te los quita nadie y no descartes la operación".

Ocho meses después de aquello todavía me falta una radiografía para que me den el alta (creo). Lo que fue mi bíceps es ahora como la pata de un pollo y hay ciertos giros (cuando me enjabono los riñones con la zurda) en los que me duele la muñeca. Por eso, al descubrir que Sagnol jugará con idéntica fractura cuatro días después siento una profunda desolación y ruego encarecidamente que Figo o alguien se choque con él a ver si se ha roto el brazo de verdad o le ha picado un tábano. Casi restablecido de mi lesión lo que me duele en estos momentos, y mucho, es el orgullo.

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