Yo digo Alejandro Delmás

Darbopoetin 2004

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Un deportista de élite alemán -nacionalidad que jamás puede perderse, de acuerdo a la Constitución federal, para que no pase lo de los judíos- adquiere el pasaporte español por conveniencia general: a los listillos españoles les interesa para pescar esas rarísimas medallas olímpicas invernales y al deportista, un bávaro llamado Johann Muehlegg, le sirve para mandar a paseo a los cristianísimos germanos de Baviera que se ríen de sus creencias espiritistas y su santera portuguesa. Al olor de las medallas, Johann-Juanito, se pasa al equipo olímpico por el forro de los Alpes de Baviera y su Hostal Jeremías. Monta el chiringuito, pero hay medallas. Una, dos, tres. Al tercer cajón, zurrapa.

La zurrapa del darbepoetin-alfa, Aranesp: EPO, eritropoietina de diseño rediseñada, fresquita. El dopaje sanguíneo de penúltima generación. De entrada, las autoridades dicen que "el control no es positivo", pero cancelan ceremonias y homenajes. De salida, el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) barre de los libros cualquier medalla relacionada con el darbepoetin-alfa, incluidas las del español bávaro y las de varias rusas bárbaras. Las autoridades guardan un piadoso silencio. Y el español que nunca ha dejado de ser alemán dice que quiere ser bueno y que su santera, Justina, es "una buena mujer". No es broma: esto pasa hoy y ahora en España. Darbepoetin 2004.

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