Los equipos temen el cerco de Interpol y UCI
Los médicos españoles han decidido autorregularse frente a la mayor vigilancia.


Armand Megret, médico de la Federación Francesa de Ciclismo, informó en septiembre pasado a su presidente, Jean Pitallier, que había observado un repunte del consumo de EPO. En España las cosas no se encuentran mucho mejor. Al contrario, esta denuncia confirma la tendencia advertida por la Unión Ciclista Internacional (UCI), que también ha detectado un aumento del fraude, especialmente en el pelotón español.
Leon Schattenberg, presidente de la Comisión Médica de la UCI, congregó a los equipos españoles el 20 de noviembre en Madrid para exponerles su inquietud. Fue una reunión informativa, pero sobre todo una reprimenda. Tres ciclistas habían dado positivo con EPO en 2003: Fran Pérez, Kintana y Pascual Llorente. Pero lo peor es que la UCI tiene la certeza de que hay muchos más. "Más que un tirón de orejas, se nos advirtió de los riesgos actuales, al igual que a otros países", puntualiza Fernando Jiménez, presidente de la Asociación de Médicos de Ciclismo Profesional (AMCP).
La advertencia de la UCI tuvo un efecto inmediato. "Nos surgió la necesidad de extremar el control en beneficio de todos", explica Jiménez. La idea se tradujo en un sistema de autorregulación que está creando la AMCP, bajo la tutela de los Equipos Ciclistas Españoles (ECP). Los detalles no están definidos, pero existe un protocolo que se estudiará la próxima semana.
La intención es complementar los cuatro controles anuales obligatorios de la UCI con otros tres españoles en febrero, abril y agosto. Todos los equipos conocerían los datos, pero no la identidad del ciclista. Una comisión, dirigida por un médico independiente, valoraría los resultados, pero no se sabe aún si tendrá poder sancionador. Tampoco se conoce qué postura tomará el Liberty, al estar fuera del abrigo de la asociación de equipos.
Los médicos españoles están haciendo piña en un momento muy delicado, porque la eclosión del caso Cofidis, que investiga una red de tráfico de sustancias dopantes, ha empeorado notablemente la situación. El ministro francés de Deportes, Jean François Lamour, pidió el 2 de febrero la implicación de Interpol en la lucha contra el dopaje a su secretario general, Ronald Noble, quien dijo tras la reunión: "Interpol se prepara para trabajar con los policías del mundo contra el tráfico de dopantes".
El dopaje no está penado en España, a diferencia de Italia y Francia. Por eso las sospechas exteriores son mayores. La aparición de la Interpol ha generado cierta paranoia. Hay médicos que hablan hasta de teléfonos pinchados. Oficialmente mantienen la calma: "El caso Cofidis surgió después de nuestra decisión, no ha influido... Sinceramente, la tensión permanente la hemos tenido siempre. Vivimos con ella", asegura Fernando Jiménez. Pero se sienten acosados, vigilados, perseguidos...
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70 ciclistas bajo sospecha en 2003
Según publicó El País el 26 de enero, la UCI, que preside Hein Verbruggen (en la imagen), vino a advertir más o menos de lo siguiente a los equipos españoles: "A los resultados de los análisis de sangre les hemos aplicado una ecuación (hemoglobina menos 60 por la raíz cuadrada del porcentaje de reticulocitos) calculada por unos investigadores australianos y, vista la cantidad de pruebas que arrojaron resultados superiores a 126,5 hemos llegado a la conclusión de que unos 70 ciclistas recurrieron a la EPO semanas antes de las competiciones importantes. Esta cifra nos servirá para acribillar a controles a los sospechosos hasta que den positivo". Esto demuestra que la UCI tiene la certeza, incluso con pruebas científicas, de que la EPO está volviendo a ser utilizada regularmente, aunque esta ecuación matemático no puede aún aplicarse para sancionar.