Piedras en los riñones
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El turista accidental que vaya al fútbol en Sevilla puede creer que en cualquier momento va a salir a jugar Curro Romero al lado de Antoñito...o de Joaquín: eso de la escuela sevillana y la grasia de Andalusia que no se pué aguantá. No haremos comparaciones odiosas, pero el mundo, el demonio y la carne deben saber que la tradición más robusta del Sevilla Fútbol Club, el equipo de la casta y el coraje, es la de sus defensas centrales. Abierto el Sevilla por el bisturí en el quirófano de la historia, lo que más abunda son esos organismos centrales, tan sólidos como cálculos de riñón, que han provocado cólicos nefríticos en generaciones de delanteros. Penúltimo de ellos, en efecto, el Dr. Alfaro. Si Mr. Lowe, osado reportero de The Guardian, conociera esa tradición, seguramente hubiese escrito otra cosa.
El doctor Alfaro sucede en la lista al futurista atleta asturiano llamado Marcelo Campanal, capaz de bajar de 11 segundos en 100 metros y de saltar en longitud más de siete metros... en los años 50. Tras Marcelo llegaron Paco Gallego, Ricardo Serna o Nando: internacionales que facturaron al club sabrosos traspasos. Los americanos hablarían de estanque de cocodrilos. Repito: en mi equipo los quiero. Con grasia y sin ella.
