Ganó el oficio
Darío y Baptista dan las semifinales a un Sevilla canchero y marrullero ante un Atlético que lo intentó con el gol del Niño

El Sevilla ya está en semifinales. La remontada rojiblanca solamente duró el cuarto de hora inicial. Las ganas y el alma atlética nunca tuvieron las ideas claras como para romper el armazón de un bloque que jugó a no perder. Un duelo copero, lleno de comportamientos antideportivos, con un árbitro lamentable y el recuerdo de la antideportividad que enseñaron Darío Silva y Alfaro.
El Atlético salió a morir desde el primer minuto y la sabia batuta de Ibagaza hizo un cuarto de hora como para recordar. El Caño lanzó dos tiros envenenados, el chaval Toché disparó alto en inmejorables condiciones y a los doce minutos el Niño abría el marcador. La poca clientela que acudió al Calderón empezó a soñar y enseguida la gente de Caparrós demostró que es canchero como pocos y utilizó todo su manual para parar el aluvión rojiblanco. Darío Silva sacó el hacha de guerra y bien acompañado por Pablo Alfaro y Torrado comenzaron a volver locos a un árbitro como Rodríguez Santiago que se volvía loco para enterarse de todo.
La propuesta sevillista fue aceptada por los madrileños y el choque pasó a ser una guerra sin cuartel. Ibagaza no distribuía ya que el Atlético utilizaba el pelotazo para llegar por la vía más expeditiva ante Esteban. Tampoco Contra e Ibagaza entraban por las bandas. El fútbol dio paso a faltas, pérdidas de tiempo, codazos, luchas y pelea sin sentido. El Sevilla se limitaba a guardar su área y no se acercaba a los dominios de Sergio Aragoneses. Toché tuvo otras dos buenas situaciones de gol, pero al fi nal se llegó al descanso con todavía una cómoda ventaja sevillista. El segundo tanto de la emoción no había llegado y los atléticos eran conscientes de que el reloj era su peor enemigo y que la utopía de la remontada se iba evaporando.
Tranquilidad. Nada varió en el segundo tiempo. Alfaro ya se hizo amo y señor del terreno de juego y se convirtió en el principal bastión del Sevilla, ya sea con sus artimañas de pérdida de tiempo o su contundencia para despejar de cabeza. Toché, era la única punta de Manzano que llevaba algo de peligro con su movilidad, incluido un lanzamiento al palo. La impotencia atlética era evidente. Saltaron Ortiz, Paunovic y Jorge, pero faltaba cabeza en los madrileños, que abusaban de pelotazo de manera reiterada.
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Conforme avanzaban los minutos, las aguas se fueron calmando y hasta hubo una expulsión de Lequi, que era la sentencia defi nitiva. Los rojiblancos estaban cansados y arrojaban la toalla. El Sevilla se contentaba con la derrota mínima y pese a su superioridad tampoco quería aventuras peligrosas, aunque al fi nal Baptista y Darío Silva aprovecharon el desasosiego atlético para ganar el encuentro y hasta Sergio Aragoneses paró un penalti a Martí.
En el cómputo general sigue adelante el que estuvo más atinado en el primer partido. Caparrós debería plantearse que para el futuro comportamientos como los de su gente no se deberían permitir. Jugó como equipo pequeño y este es un problema complicado de superar. El Atlético recibió el castigo a su nefasta noche del Sánchez Pizjuán y pese a su garra no pudo hacer un milagro que resultaba imposible. El ofi cio de Alfaro y Darío llevan a semifi nales a su gente por la puerta grande.
