Copa del Rey | Sevilla 4 - Atlético 0

El Mono desnudo

Lamentable cadena de errores de Burgos que facilitaron los cuatro goles del Sevilla y que sentenció su pase a semifinales

<b>DECISIVO</b>. La historia del partido se acabó en el primer gol del Sevilla, que festeja Darío Silva, y que fue el inicio de las cantadas de Burgos.
Manolete
Actualizado a

Salvo milagro inesperado, el Sevilla dejó sentenciado su acceso a semifi nales. Su primera media hora fue decisiva para imponer su mayor instinto asesino, contando con la inestimable ayuda de unas cantadas de Burgos antológicas. La apuesta de Manzano, dejando en el banquillo a Torres e Ibagaza, tuvo su penitencia y dejó clara su apuesta por la Liga y conseguir la Champions.

El guión de esta eliminatoria se rompió cuando Burgos regaló el primer gol del Sevilla en los minutos iniciales. Su gafe en el Sánchez Pizjuán volvió a salir y se comió el cabezazo de Darío y permitió que la armada de Caparrós, que había salido con sus pesos pesados, pasara como un ciclón a los reservas del Atlético que desearon repetir la experiencia de Riazor, pero se encontraron con la cantada de su portero.

Los sevillistas desataron la caja de los truenos y se dieron un festín ante un rival desdibujado. Como Burgos seguía con su gafe en el Pizjuán, el guardameta argentino volvió ayudar a Reyes y Alfaro en los dos siguientes tantos. En media hora el Sevilla se metía en semifi nales sin despeinarse y es que esta ocasión la valentía tenía su recompensa. Ni siquiera el debut de Gabi se notaba. La gente de Manzano regalaba la pelota, estaban asustados y de la mano de Simeone intentó imponer algo de respeto a base de entradas fuera de tono. Cada contra sevillista era un cheque al portador para sumar una goleada de escándalo en base a la diferencia sideral que había entre los dos conjuntos.

Las rotaciones de Manzano pagaban su precio, pero la realidad es que el Sevilla estaba lanzado, jugando un fútbol de alta escuela, demostrando que el tridente Reyes, Darío y Baptista es capaz de volver loco a cualquiera. Torrado y Martí ponían la quinta velocidad ante un bloque que parecía de patio de colegio.

Cambio. Manzano sacó a sus artistas, el Niño y el Caño salieron en el segundo tiempo y el partido se igualó. Los madrileños se fueron hacia arriba y las contras andaluzas eran mortales de necesidad. Ibagaza enseguida de hizo con los mandos del partido y Torres falló una ocasión clarísima. También Reyes, Darío y Redondo pudieron seguir ahondando en la herida.

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Ibagaza se fue agrandando e incluso lanzó de forma sensacional un golpe franco al poste. Los de Caparrós notaban el cansancio físico y se sentían a gusto al jugar arropaditos para mantener la renta que tenían. El Atlético buscaba de forma desesperada el gol que les permitiera soñar con la cita de vuelta. El problema es que las prisas siempre son malas consejeras y salvo el Caño las ideas no abundaban. Al final Burgos acabó con toda la emoción al regalar el cuarto tanto, en una falta de Baptista que entró por el centro de la portería.

El Sevilla ya puede soñar con la Copa. Están en semifinales y su partido del Calderón será un mero trámite. Salieron mentalizados y en nueve minutos pusieron las cosas en su sitio. Manzano tendrá que asumir que su pizarra y el salir a no encajar un gol salió fatal y que llegarán las críticas, en especial de una afición que estaba ilusionada. Alvés y Reyes deleitaron al personal. Contra volvió a jugar siete meses después y Burgos debe asumir a que ha jugado su último partido como rojiblanco. ¡Qué monadas!.

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