Segundo en el Balón de Oro y en el FIFA
2003 fue el año de la explosión de Henry como estrella de primer orden


ejor jugador de la Premier League justo en su plenitud, a los 26 años. Henry ha alcanzado la madurez definitiva, lleva tiempo consolidado como crack mundial y es más que razonable discutir si es ahora el número uno europeo, sobre todo después de que el año pasado quedara segundo en la clasificación del Balón de Oro y del FIFA World Player.
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Desde que empezó en el Palaiseau y Viry Chatillon, e incluso antes de llegar al Mónaco, ya demostraba una potencia más propia de un atleta. Nacido en Les Ulis, mezcla de padre de Guadalupe y madre de Martinica, un día le marcó seis goles al Sucy en Brie, en los infantiles del Viry Chatillon, bajo la mirada del técnico del Mónaco, Catalano, y ahí empezó todo. Firmó por este club, que le mandó al famoso centro de formación de Clairefontaine. Allí aprendió a respirar fútbol, y su admiración por Van Basten le retiró de la prueba de 400 metros lisos a la que parecía destinado. Wenger le conocía ya y ahora el Arsenal juega para él. No le gusta ser nueve y prefi ere escorarse a la izquierda, y su forma de resolver en el área recuerda al propio Ronaldo. ¿Los dos juntos? Sería devastador. De hecho, a Henry se le llamó "el nuevo Ronaldo" cuando empezó a destacar en la selección francesa Sub 20 que derrotó a España en una fi nal europea. Ya había llegado al Mónaco, y los rumores de un traspaso al Madrid quedaron en nada ante la oferta de la Juventus.
Se estrelló en el corsé táctico de aquellos tiempos en el calcio, no rindió al lado de Zidane y lo aprovechó Wenger para llevárselo. Seguro que ahora prefiere reencontrarse con Zidane y brillar en un Bernabéu donde nunca jugó. Con veinte goles de media en las últimas cuatro temporadas, Henry ya está instalado como uno de los mejores del mundo. Ahora, el Arsenal pasa por un momento económico delicado, con el proyecto de su nuevo estadio de Ashburton Grove paralizado y los rumores de un magnate ruso como comprador. Sólo nos resta esperar.