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Jost Kobusch: “Por encima de los 5500 metros el cuerpo se degenera; cuanto más asciende, más rápido”

El alpinista alemán explica cómo la falta de oxígeno marca el límite humano en alta montaña y cómo la preparación física y la navegación pueden ser decisivas en expediciones extremas.

Jost Kobusch subiendo una montaña
Philipp Reiter @TAB
Ander Ordoño
Redactor de As Acción
Proveniente del ámbito de la producción audiovisual, su dilatada experiencia de más de 10 años siguiendo la actualidad de los deportes de acción le ha llevado a convertirse en una de las firmas más reconocidas del panorama nacional en este tipo de disciplinas.
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El alpinismo de gran altitud sigue siendo uno de los escenarios donde el cuerpo humano se enfrenta a sus límites fisiológicos más extremos. El alemán Jost Kobusch, conocido por sus expediciones en solitario sin oxígeno suplementario en el Himalaya, lo resume con claridad: “Por encima de los 5500 metros aproximadamente, el cuerpo humano comienza a degenerarse, y cuanto más se asciende, más rápido se acelera este proceso”.

Kobusch, alpinista especializado en ascensiones técnicas y atleta de Amazfit, explica que en la montaña hay múltiples factores que afectan al rendimiento —frío, privación de sueño o toma de decisiones bajo estrés—, pero la disponibilidad de oxígeno sigue siendo el límite más difícil de superar. Con la experiencia, los escaladores aprenden a gestionar mejor otros elementos del entorno, pero el cuerpo tiene un margen fisiológico limitado frente a la hipoxia.

La aclimatación ayuda, pero existen límites naturales. El oxígeno es la variable más lenta de desarrollar y al final define hasta dónde puedes llegar”, señala. A partir de cierta altitud, el organismo entra en un estado de deterioro progresivo: la masa muscular disminuye y la eficiencia mitocondrial se reduce, lo que provoca una pérdida constante de energía.

Según explica el alpinista alemán, la capacidad de supervivencia del cuerpo también cambia radicalmente según la altura. A unos 5800 metros el organismo podría resistir meses, pero entre 6000 y 7000 metros ese margen se reduce a semanas. En la llamada “zona de la muerte”, por encima de los 8000 metros, la supervivencia se mide en días.

En expediciones largas y en solitario, gestionar ese deterioro se convierte en parte esencial de la estrategia. La hidratación, el descanso y las rotaciones a menor altitud son claves para que el organismo se recupere parcialmente. Kobusch también presta atención a los datos fisiológicos. “Controlar la frecuencia cardíaca en reposo ayuda a saber si el cuerpo se está estabilizando tras una rotación de aclimatación”, explica.

Las condiciones invernales del Himalaya añaden todavía más presión. En montañas como el Everest, las temperaturas pueden caer hasta los -30 °C, con vientos fuertes que multiplican el estrés físico. En ese entorno, la seguridad depende también de la tecnología. Kobusch destaca la importancia de los sistemas de navegación GPS y los mapas fiables, que permiten seguir una ruta de descenso incluso con niebla o tormenta.

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Para el alpinista alemán, la experiencia demuestra que en altitud extrema el éxito no depende solo de la fuerza, sino de la capacidad de gestionar el desgaste del cuerpo y tomar decisiones cuando cada paso exige el máximo esfuerzo.

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