Que pague el culpable
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Los hechos demuestran que las cabezas de algunos no cambian aunque se cambie de año. Quedó bien claro el pasado domingo en Zorrilla cuando un tipo reconocido presuntamente como A. A. H., de 53 años (pocos datos más nos interesan sobre él) tuvo la feliz idea de tirarle una botella de plástico al juez de línea. Fue un acto reflejo y estúpido del que ningún estadio o recinto público está libre. Llegar a pensar ahora que las culpas de la acción de este personaje las pueda pagar el Valladolid, bien económicamente o bien deportivamente, no parece lógico ni razonable. Lo normal es que el tiro al blanco que ejercitó el tipo en cuestión lo pague sólo él. Primero, con una fuerte sanción económica que sirva de ejemplo a futuros alcornoques de similar pelaje y, además, con el alejamiento de los recintos deportivos para una mayor seguridad de todos.
Es triste reconocerlo, pero buscar el mundo ideal es imposible. Entre 13.000 o 90.000 espectadores hay de todo. Unos con la cabeza en su sitio y otros con la cabeza como un cencerro. Y cuando toca uno de estos últimos, puede pasar cualquier cosa. Que salga uno en Valladolid, o que otro arroje un cochinillo en Barcelona, Ya en tiempos de Bernabéu, saltó un loco al campo. Hasta que en los estadios no instalen detectores de desequilibrados no nos libraremos de esto.
