De los deseos a los objetivos
Noticias relacionadas
Puedes pedir un deseo cuando soplas las velas de tu cumpleaños. Y cuando entras en una iglesia por primera vez. También cuando te acabas las uvas. Y en la Fontana di Trevi, previo pago. Y si ves una estrella fugaz. Y en la Catedral de Santiago, si te golpeas la cabeza tres veces con la piedra adecuada (no muy fuerte, Magallón se desmayó). Y en San Juan, si te lavas la cara. Están caros los deseos. Sólo admiten solicitudes en asuntos que se nos presentan, en el mejor de los casos, de año en año. Y que entrañan un cierto riesgo para nuestra integridad (física y moral). Y no se garantizan resultados. Tal vez por eso la gente pudiente no tiene deseos, tiene objetivos. Los del Madrid son claros y se resumen en una palabra: todo.
Se empieza por el Trébol y se sigue por América. Y entre medias, una nueva Ciudad Deportiva y un nuevo galáctico. Todo rutilante. Sin embargo, me temo que el fichaje de una estrella cada año no asegura el futuro de un equipo que en tres años será viejo. Tampoco ayudará el ritmo de renovaciones, más por los servicios prestados que por los que se pueden prestar. Y tal vez un día se agoten las estrellas o quizá lo hagan los talonarios. Apostar sólo por grandes cracks descubre dinero y miopía. Hay otros futbolistas, como Reyes hace un año o como Xabi Alonso hace dos. No verlos a tiempo, esperar demasiado, es una buena forma de pasar de los objetivos a los deseos y de allí a los cabezazos.