Blanca navidad
Ronaldo catapulta al Real Madrid. Figo y Raúl, magníficos. También Iker. El Mallorca no tuvo pegada

Sería un experimento apasionante colocar unos electrodos en la cabeza de Ronaldo que nos dijeran lo que piensa durante un partido. Porque es seguro que debe pensar algo, tiene tiempo, tanto rato solo, quieto, viendo a gente correr, rodeado de tipos crispados, sudorosos, resoplando. Ignoro si en esos instantes (80 minutos, más o menos) le asaltan profundos pensamientos o se le acumulan imágenes festivas, ponys voladores, arco-iris, hawaianas, tigretones, patos Donald, hamburguesas con queso y cosas así, de las que dan mucha felicidad.
Esa facilidad para abstraerse resulta fascinante y es en gran medida lo que le protege del mundo, de la presión, de los agobios, del miedo al fracaso y de los otros fantasmas. Sin embargo, siendo lo anterior importante, saludable, lo que realmente le hace diferente es su capacidad para regresar, para atravesar el espejo, siempre en el límite de lo tolerable, justo cuando se nos disparan las dudas y empiezan los chistes, que si parece un Panda (coche u oso), que si necesita una dieta de pastel de chirimoya, que si el gordito.
El huracán. Todo cambia de repente y alguien se queda con el chiste en la boca. Ronaldo deja de pensar y actúa. Tal vez se le acaban las reflexiones o tal vez llega a una filmina que no le gusta o tal vez visualiza una que quiere ya mismo, quizá las hawaianas, esto es difícil saberlo. Son arrancadas brutales, llenas de curvas por las que parece despeñarse, pero no.
Así ocurrió ayer. Partido empatado, el Madrid en el filo y Ronaldo ausente. Minuto 55. Y de pronto sucede. Y Ronaldo que se lanza. Y le tiran patadas, y piernas, y hasta chocan contra él, como si fuera posible detener a un caballo en el pasillo, un caballo que cuando lo acorralas en la cocina te recorta y chuta rasito.
Y el gol hay quien lo celebra a ritos, generalmente el que más chistes hizo, los que más dudaron, porque hay muchos que niegan al genio como una forma de invocarlo.
Si ese gol de Ronaldo desequilibró el partido, otro de sus arrebatos, que acabó en penalti, terminó de decidirlo. Y así, algo que no le pertenecía en absoluto, un encuentro peleadísimo por otros, acabó siendo de su entera propiedad, aquel partido de Ronaldo en Mallorca.
Polémica. Luis Aragonés, que ayer parecía Pierce Brosnan (traje impecable, adiós pelliza), dijo tras el partido que el resultado estaba condicionado por una acción inmediatamente anterior al gol de Ronaldo, una internada de Etoo con Borja en la chepa, tipo koala, el delantero que resiste y chuta fuera. Digamos que se trata de una jugada interpretable, entre el penalti riguroso (ver Rosetti) y la vista gorda (ver Rosetti).
Pero en ningún caso se puede afirmar que aquello decidiera el resultado. Porque hubo mil cosas antes y después, postes, paradas increíbles y sobre todo un equipo que incluso colgado de un puente hace gala de una extraña superioridad, como una película que vi en la que un tipo que es el único superviviente de un accidente aéreo intuye que nada malo puede pasarle y para comprobarlo cruza una autopista andando, gritándole cosas a Dios, y aunque no lo crean sale sin un rasguño. No recuerdo el final, pero creo que un día se le acaba el hechizo y en un paso de cebra le atropella un autocar (de la Juve). Seguramente confundo las películas, no me hagan caso.
Además del traje de Luis, el partido comenzó con otras sorpresas. Para empezar, el Madrid salió fortísimo, tocando y llegando, con un Figo magnífico, desbordando y centrando, pegado a la banda derecha. En el primer pase lo empalmó Zidane con la izquierda, pegadito al palo pero por el lado malo, y el siguiente lo cabeceó Raúl contra el vientre (o aledaños) de Leo Franco. No suele salir así el Madrid de chiqueros
Sin embargo, fue el Mallorca el que marcó primero. Nació en una jugada por la derecha, balón al centro, Pavón canta y la pelota que acaba en Correa, que pasaba por allí. En estas situaciones se suele crujir al defensa, pero dio tanta pena Pavón, se le vio tan profundamente arrepentido, tan mi madre pero qué he hecho, que nos abstendremos de cualquier comentario hiriente aunque aunque sólo sea por solidaridad y porque es Navidad.
En esos momentos, la galaxia pasó por algunas dificultades aunque es muy probable que sólo fuera la pereza de tener que empezar de nuevo. Pero no duró mucho. El equipo volvió a adueñarse, sino del partido, de lo mejor que pasaba, de las ocasiones más claras. Y esto es molesto cuando te reconoces como víctima. Y te reconoces.
El Mallorca, a falta de Etoo, vivía de Colsa, de un interesante Raúl Martín y sobre todo de Roberto Carlos, que estaba completamente de chufla, hubiera sido más propio que jugara con un gorro de Papá Noel y con spray de espuma. De alguna forma, su caso es semejante al de Ronaldo, son personajes diseñados para divertirse que no entienden por qué se nos cae el pelo por las preocupaciones porque ellos se afeitan la cabeza y las preocupaciones también.
San Iker. Quien más sufría todos estos devaneos navideños era Casillas, que se pasó el partido de susto en susto, imposible diferenciar el fuego enemigo del amigo, igual de peligrosos. Iker ha pasado de ser el niño del equipo al hermano mayor y se desgañita y llama al orden, y es el que más ayuda en casa y se le ve un poco harto. Cualquier día, en plan reivindicativo, sale con mandil. Y haría bien.
El gol del empate lo consiguió Raúl al cabecear otro centro maravilloso de Figo, esta vez Leo Franco lo sintió mucho pero le dolió menos. Se acababa la primera parte y la cornada dejó pensativos al Mallorca y a Pierce Brosnan.
Pese a todo, Etoo tuvo una buena parte del triunfo en un remate al palo, otra vez Iker desesperado, otra vez con razón. Justo después vino el gol de Ronaldo, sus dedillos tamborileando en el aire, como los niños que fi ngen estar dormidos y juegan a asustarte y no lo hacen pero te encanta. Y tampoco tardó demasiado el soberbio pase de Raúl que lanzó otra vez a Ronaldo, quiebro a Nadal y penalti clarísimo, gol de Figo.
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Dicen que campos como Son Moix descubren a los equipos campeones. Y el Madrid ha encadenado victorias sobre el Atlético, Barcelona, Deportivo y Mallorca. Y ahora llegan las vacaciones, el pregón, los juguetes, las vacaciones en Brasil, las hawaianas y los tigretones. Y luego, aburridos de tanta felicidad, otra vez el fútbol, el único sitio en el que todo sigue siendo igual que al principio.
En el fondo que te toque la lotería (o que te fi che el Madrid) es una forma de conseguir lo que no tienes para echar de menos lo que tenías. Eso sí, no voy a negar que apetece probarlo.