Tenis | Final Copa Davis

Al estilo español

Ferrero no pudo evitar que Philippoussis le diera a Australia su vigésimo octava Copa Davis. Los españoles se conformaron con la imagen dada

Juan Carlos Ferrero no pudo ganar al australiano Philippoussis.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Qué perfecta final para una hermosa derrota "al estilo español". Lo que pudo ser y no fue, la gran oportunidad perdida, a lo Hemingway: "hemos demostrado que este equipo puede jugar en todas las superficies". "Ferrero hizo un superesfuerzo". La botella medio llena. Pero si se ve la botella medio vacía, se comprueba que, afinando un poco, las oportunidades de España hubieran puesto a Australia en alerta roja. Y, ¿por quién doblan hoy las campanas...?

En un último set de 6-0, Ferrero perdió el resultante de tres partidos en uno. El primero, o primera secuencia, fue un ejercicio de bombardeo de Philippoussis, ayudado por el árbitro Pascal Maria en el crucial juego 12 del primer set. Ahí, Ferrero fue despojado de un primer saque vital que iba a costarle el set: pero había empezado el juego 0-40. Y había tenido 15-40 sobre el saque del australiano en el primer juego.

Demasiadas oportunidades perdidas. Ferrero, monocorde, se empeñó en querer pasar en paralelo al ballenato Philippousis, cuando al cetáceo pies planos de Williamsstown, Melbourne, le costaba articular la volea de revés. 7-5 el primer set, y, bajo el "shock", 6-3 el segundo. Philippoussis se iba y ponía a remolque al tenista español. Fin del primer capítulo...

En el segundo juego del tercer set, Ferrero rompió el servicio de Philippoussis. Necesitó siete puntos de "break" y cuatro dobles faltas del australiano, que parecía relajado. No: se le estaban descolgando el hombro y el brazo en un océano como de lava ardiente. El mar de la fatiga muscular. Tanto saque en torno a 210 km./h. no es bueno para nadie. Estába en el segundo partido: el tercer set acabó 6-1 para Ferrero. Y el tercero, 6-2. Ferrero seguía a su ritmo. Y pasaba mejor: Philippoussis se congestionaba.

Ahí fue decisiva la sabiduría quirúrgica de John Fitzgerald, capitán de Australia. Con iniciativa, "Fitzy" paró el partido y detuvo la catástrofe de Philippoussis, mandándole al W. C. El parón llegó hasta los 10 minutos. Ahora, los australianos hicieron suyo el tiempo que Ferrero, mal de piernas, había pedido para el masajista. Ahí, Fitzgerald dijo a Philippoussis: "Ataca todo el tiempo, ataca en cada punto".

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Cambio de estrategia. Y Mark atacó. En el último suspiro fue un Miura acorralado. Un boxeador con el hombro del tatuaje de Alejandro Magno machacado, que busca el K.O. por la vía rápida. Atacó, atacó y atacó, con el el revés cortado y con el saque: "a la australiana".

Rompió el saque del atónito Ferrero en el segundo, llegó hasta el 3-0... y Ferrero ya no pudo rescatarse del coma. Y Moyá, que había regresado al vestuario, ansioso, no pudo decapitar a Hewitt. Pudo hacerlo el primer día, cuando el australiano no le esperaba: así, seguramente que España hubiera tenido más oportunidades. Hermosa derrota, dirán algunos. Hermosa derrota al estilo español. Pero el que es ahora un héroe, es Philippoussis. A mí me duele eso. ¿Y a usted?

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