Tenis | Copa Davis

Matador Charly

Moyá compensó con su triunfo ante Philippoussis la derrota de Ferrero ante Hewitt. La final, ocurra lo que ocurra en el dobles, se decidirá esta noche.

<b>GENIAL.</b> Esto es la Copa Davis y puede pasar cualquier cosa. Carlos Moyá nos mantiene vivos.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Empezamos alucinados con el Himno republicano del comandante Riego y empatamos con el trueno y el relámpago que hay en la ágil derecha del artista Moyá. Entre una cosa y otra estuvieron Ferrero, muy cansado y sinusítico, y Hewitt, con el hambre y el corazón de un león. O de un cuervo rapaz. Y tras siete horas de tensión, el resultado no es uno a uno, sino la sombra de la duda en el alma de Australia. Ya preguntan al capitán Fitzgerald en qué se va pareciendo esto a su desastre de 2001 ante Francia. Quedan el doble, que se disputó la pasada madrugada, y los dos últimos individuales de esta noche, que serán los que resuelvan la final: Ferrero puede jugar o no... y Moyá puede hacer de verdugo de Hewitt, si fuera preciso.

Mi opinión: Ferrero no debió jugar ante Hewitt. Es fácil escribirlo ahora, pero hay testigos de que uno pensaba así desde que el valenciano apareció en Australia con sinusitis y bajo tratamiento de antibióticos. Hewitt, sin toque por sus 70 días sin competir, se agarró a la pista como el demonio pesadillesco que es. Su plan: extender el partido y desgastar a Ferrero. No sólo lo consiguió, sino que barrió a Ferrero en el balance de golpes ganadores: 21-9 en derechas (?) y 22-8 en reveses. "La diferencia es que yo fui a por todas desde el principio. A Juan Carlos le vi conservador", explicó Hewitt. Cansado y sin pegada, digo yo. Los australianos decían "pasivo".

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Sin oxígeno. Ferrero aclaró que tuvo "bastantes problemas" para respirar. Ganó el primer set con facilidad (6-3). Por puro ritmo. Tanto ritmo le dio a Hewitt, que éste se fue enterando del partido y le cazó en el segundo (3-6). El Ferrari Ferrero aceleró en el tercero... y entró en reserva (6-3). Desecándose por momentos, llegó como pudo al tie break del cuarto. Ahí, Hewitt le pasó por encima: 7-0... más cuatro puntos seguidos para romper el primer saque de Ferrero en la última manga. 11-0: se acabó el partido (2-6). Resta saber cuánto hay en el depósito del Ferrari Ferrero para lo que queda de final. Si Feliciano hubiera jugado ayer, marcador a un lado, Ferrero hubiese tenido esos dos días extra que añora Arrese.

El viejo John Newcombe elucubró en la prensa, dijo que no veía forma de que Moyá ganara a Philippoussis y lo que hizo fue motivar con alas de fuego el tenis de seda de Charly. Restando y presionando el bestial saque-cañón del cachalote Philippousis (219 km/h), Moyá ajustó los dos primeros sets con un doble 6-4. Tan sobrado iba Charly que regaló el tercero (4-6), con 40-15 y saque en el décimo juego: esos big points, claves en hierba. En el Arena, Charly fue el torero que se pasaba por la faja los derrotes de Philippoussis, el surfero de pies planos con hocico y cañonazos de Miura. En la muerte súbita del cuarto set, un passing maravilloso de Moyá valió el partido. "No veía nada cuando tiré el golpe", dijo. Pero sí vimos el cielo abierto. Vimos aterrizar la bola de Charly justo junto a la Copa Davis cuando Philippoussis, el Miura anfibio de Melbourne, rodaba sin puntilla. Juego, set, partido, 1-1: ¿Feliciano...?

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