España jugará con los All Stars
El G-3 apostó por Ferrero y Moyá para los individuales de la jornada inicial


Es Juan Carlos Ferrero y es Carlos Moyá, y está claro que los capitanes españoles descansan en sus All Stars. O, como esto es tenis, en sus Masters. En sus maestros. Maestros son los que tienen años de alternativa. A Feliciano López no se le puede pedir que debute con picadores ante Mark Philippoussis, enemigo astifino con cinco años y seis milímetros de hierba: más o menos la altura de la hierba afeitada del Rod Laver Arena. Además, en el entrenamiento del lunes, Ferrero ganó y dominó a Feliciano en el primer set de prueba sobre el Arena. Feliciano va al doble, junto a Álex Corretja. Y en el primer cartel de la Davis, Ferrero-Hewitt y Moyá-Philippoussis. Hace falta valor.
Así que aquí estamos, cuando el sol aborigen del desierto de Victoria ya calienta el Laver Arena. Menos mal. Argumento: una hermosa novia, a la que se quiere asesinar al pie del altar, se nos queda en aparente estado de coma. Durante ese coma, se ve forzada a precio de saldo por una banda de camioneros pelirrojos, vagabundos bronceados de los desiertos, y gente de mal vivir. Todo ordenado por un tunante con malas intenciones que acostumbra a mover los hilos. Se le llama Bill, pero aquí vale el nombre de Lleyton (Hewitt).
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Vuelta al ruedo. Dado el aparente estado de coma de La Novia, los vagabundos y la compañía abusan lo que pueden de ella. Pero, de repente, La Novia se levanta dando patadas de kung fu, una mejor que otra, y sus acosadores escapan, perdidos, rotos y dispersos. A La Novia le pueden poner el nombre de España, pero también podría ser la Copa Davis. Sus novios son Ferrero, Moyá, Corretja y Feliciano. El gran tunante es Lleyton Hewitt, por supuesto. Quentin Tarantino titula esta película como Kill Bill. El título nuestro está claro: "Kill Hewitt". Aniquilad al pajarraco Hewitt. Es un trabajo de All Stars y de maestros.
La recompensa es una vuelta al ruedo de hierba afeitada del Rod Laver Arena, con los cuernos de Hewitt en el desolladero. Y con la Copa Davis en las manos, por supuesto.