"Hewitt tiene clavada una espina conmigo"
La palabra spokesman, que se traduce al español más o menos como portavoz distinguido, tiene un nombre propio dentro del equipo español de la Copa Davis: Alejandro Corretja Verdegay, hijo de catalán y de andaluza. Álex para todo el mundo.


Llegamos aquí, y un australiano se dirige a usted como "capitán". Usted replica "not yet", todavía no. Significativo, amigo...
-Sí que me hace ilusión ser capitán de Davis. Como a cualquiera, vamos. Pero ahora sueño con otra cosa, y es con ganar esta final aquí, en la hierba de Australia. Eso sería mucho: cumplir un sueño, romper barreras, hacer historia y crear un antes y un después en el tenis español. Hemos de mentalizarnos de que lo podemos hacer con un equipo tan potente como el que tenemos. Nos falta arreglar, por ejemplo, el problema del doble. Ahí deberíamos tener más cantera y más recursos. Aquí estamos Feliciano y yo. Hemos jugado cuatro partidos. Poco.
Albert Costa es su amigo. ¿Cómo valoró su exclusión del equipo?
-Como amigo suyo, me sienta mal que no esté con nosotros. Pero si lo han decidido los capitanes, se acepta porque el equipo está por encima de los individuos.
Decía lo de romper barreras, lo del sueño...
-Aquí vienes al máximo y te metes mucha presión tú solo. Pierdes en un torneo y no se entera nadie. Pierdes o ganas en la Davis, y te lo recuerdan por la calle. Hay más responsabilidad. Pero sí digo que en esta final, Australia parte con las ventajas de la hierba y el cambio de clima. Para ellos, entrenarse y jugar en hierba es tan natural como la tierra para nosotros. Sé que es complicado verlo desde fuera, pero el tenis en hierba es prácticamente otro deporte.
Y luego, Hewitt, que le tiene a usted entre ceja y ceja.
-Él tiene una personalidad muy fuerte y lleva una espina clavada conmigo y con nosotros desde la final de Barcelona. Nos hemos saludado, y sin problema. Pero es muy ganador. Ya sabe cómo piensa este tipo de gente. Me disculpé con él y nada más puedo hacer.
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Ha seguido usted ahí, al pie del cañón, cuando muchos le daban por acabado. ¿Por qué?
-Porque siento que aún tengo algo dentro de mí. ¿Un Grand Slam? ¿Por qué no? Ahora estoy el 100 del mundo. Justo el 100: incluso me gusta el número. Mientras pulse en mi interior que puedo hacer algo más, seguiré. Digamos que miro dentro de mí cada día. Y sigo teniendo esa ilusión necesaria para seguir adelante.