A la caza de los órganos de poder
El deporte español ha tenido durante veinte años un presidente de privilegio: Juan Antonio Samaranch. Con él a la cabeza del Comité Olímpico Internacional no nos ha podido ir mejor. Organizamos los Juegos de Barcelona 92, que fue el gran trampolín. Ahora estamos metidos en otra carrera olímpica, la de Madrid 2012, y se va a echar en falta la influencia de Samaranch. Aún la tiene, pero más Jacques Rogge, el nuevo presidente, cuyas preferencias se inclinan hacia el mundo anglosajón. Para que nos vaya bien hay que controlar los órganos de poder y esos no los controlamos.
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De las 28 federaciones olímpicas sólo tenemos una presidencia, la de Hípica, a cargo de doña Pilar de Borbón. Muy poco comparado con otros países europeos. Italia y Suiza tienen tres presidencias, y Alemania y Holanda, dos. Desde el Consejo Superior de Deportes (CSD) se va a establecer una estrategia para que haya más federativos españoles en los cargos más importantes de las federaciones internacionales, sobre todo olímpicas. Federativos españoles en estas internacionales hay muchos, 127 nada menos, pero la mayoría forman parte de comisiones sin apenas trascendencia.
La verdad es que el federativo español no muestra inclinación a presidir una Federación Internacional. Será por los idiomas, será por la falta de ambición, el caso es que parece conformarse con pertenecer a comisiones o comités que le reporten poco trabajo, alguna que otra dieta y viajes gratis, total para dar envidia a sus vecinos de adosado. El CSD les va a pedir más esfuerzo, más dedicación, para que se nos abran las puertas del deporte internacional, para que tengamos voz y voto, y sobre todo capacidad para dirigirlo en una u otra dirección. Ellos saben cómo hacerlo. Ya lo hacen en España.
