Entrenadores óptimamente preparados
Esta semana ha habido un Congreso Mundial de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en Granada. Mil y pico personas compartiendo experiencias y ampliando conocimientos. La mayoría eran futuros entrenadores, futuros profesores. Luego nos preguntaremos de dónde sale tanta medalla, por qué somos tan buenos en tantos deportes. Pues sale de ahí, de tanta gente que quiere saber, que quiere aprender, que siente pasión por todo lo que sea actividad física, que investiga bajo el amparo de las universidades ahora que el deporte es una ciencia y una carrera.
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En el deporte de élite de hoy en día hay tanta competencia que sólo triunfan los más preparados. Al deportista se le exige dedicación; al entrenador, conocimiento. La victoria es a veces cuestión de detalles. ¿Puede ser por la validación de un instrumento que evalúe la eficiencia del portero de waterpolo? ¿Por la presentación de un sistema automatizado para el análisis de la eficacia de los receptores en voleibol? ¿Por el desarrollo de un sistema tecnológico para la valoración y entrenamiento de la velocidad? ¿Por la validez del SRM Power Meter para la realización del test de Wingate?
A ustedes, a mí, esto nos suena a chino, pero no a toda esa gente que se prepara para entrenar a nuestros futuros campeones, para enseñar en los colegios las bondades de la actividad física a generaciones venideras. Con ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona vinieron muchos entrenadores extranjeros para decirnos qué teníamos que hacer; ahora, once años después, las investigaciones realizadas en nuestras universidades son las que aportan la mayor documentación a los congresos de donde saldrán los entrenadores del futuro. Y a lo mejor por eso ahora vamos tan bien.
