Yo digo Juan Mora

El boxeo está vivo

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Hay deportes que ya quisieran para sí abarrotar un pabellón de más de 5.000 espectadores, cobrar 150 euros por las entradas más caras y 15 por las de gallinero, encontrar apoyo en las gentes de la cultura y del espectáculo, conseguir que las cuentas salgan y que al final acabe ganando, además, el bueno, el de casa. Todo el mundo se va contento de madrugada a su casa —esa es otra, que ya es mérito lograr que la gente aguante hasta casi las tres cuando al día siguiente hay que madrugar—, deseando que haya pronto otra velada y presumiendo de que ha estado al lado de fulanito y menganito.

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Este deporte es el boxeo. Estará rechazado por media parte de la sociedad, estaría agonizante hace diez, quince años, pero cuando es capaz de meter en Alcobendas un jueves por la noche a más de 5.000 personas y tenerlas hasta la madrugada, se merece un reconocimiento, incluso mayor que otros deportes más dignos, más nobles, más profesionales, más prepotentes, y que son incapaces de vivir por sí solos, sin ayudas oficiales, porque a esos sí que les ha dado la espalda la sociedad, que ni gratis va a verlos. El boxeo también pasó por ello, pero ha sabido salir. Ahora su salud es excelente.

Hay boxeadores buenos, hay veladas y el público ha regresado. Mucha gente irá a ver y a dejarse ver, no sabrá lo que es un crochet, pero va. Es lo importante. En cualquier deporte no importa que haya pocos entendidos y muchos aficionados. Todo lo contrario. Es el éxito del fútbol, del ciclismo, de las motos, de la fórmula 1 con Alonso, del tenis en Madrid. Los promotores de boxeo, como se juegan su propio dinero, saben cómo crear el ambiente para que la gente encuentre espectáculo dentro y fuera del ring. La prueba es que Alcobendas se quedó pequeño para el boxeo. Lo que no sucede con otro deporte.

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