Yo digo Juan Mora

Los niños no quieren ser ciclistas

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Ser ciclista no es el sueño de los niños del siglo XXI. Un ciclista pasa frío, pasa calor, le atropellan, le despiertan para sacarle sangre, se mete guarrerías y tampoco gana el dinero de los futbolistas. A un niño los Reyes Magos le regalan una bici y se pone loco de contento. Pero no porque quiera ser ciclista, será por otras cuestiones que no vienen al caso. Los Reyes, además, suelen traer ahora bicis de montaña, que son más aparatosas y propias para andar por los campos, donde no hay coches, y así se quedan más tranquilos. Lo más que le puede pasar al niño es darse un coscorrón.

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Luego está el problema de las ciudades. Ese niño ya crecido, con bici de carretera en su casa, a ver cómo hace para irse a hacer kilómetros. Circular por las calles con la bici es una temeridad; meterla en el metro o en el autobús para llegar hasta el extrarradio es una posibilidad aún no puesta en práctica por nadie en su sano juicio. Queda otra alternativa: que el papá le lleve hasta las carreteras de escaso tráfico para que dé rienda suelta a sus sueños de ciclista. Pero los papás del siglo XXI no están por la labor, salvo que sean unos ciclistas frustrados y persigan que el hijo consiga lo que él no pudo de joven.

Por eso el ciclismo no puede encontrar más cantera que en el entorno rural. Y cada vez menos, porque hasta los niños de Murias de Rechivaldo tienen ya más alternativas que coger una bici. Que salgan niños ciclistas en un milagro. Por eso hay que cuidar las escuelas, los clubes, las federaciones, las gentes que aman el ciclismo, pues son el único refugio para los niños que quieran ser como Indurain. La Federación Española de Ciclismo es consciente del problema y ayer lo debatió en las jornadas sevillanas. Soluciones hay pocas, pero al menos el planteamiento del problema nos ayuda a reflexionar.

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