Primera | Real Madrid 3 - Athletic 0

San Ronie, San Iker

Casillas salva al Madrid y Ronaldo mata al Athletic. Valiente partido visitante, pero sin recompensa

<B>HA VUELTO</B>. Ronaldo rompió su racha de tres partidos sin marcar con dos grandes goles. Suma ocho.
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Ayer bien podría haber sido el día de los periodistas, porque ahora todos nos sentimos futuribles, consortes, quizá Carlota Casiraghi, Magdalena de Suecia, nos acechan mundos maravillosos e insospechados, estamos en el mercado, amigos, cuidado con Alberto de Mónaco, aquí el Marqués de AS, aquí un amigo. Pero fue el Día de Todos los Santos, la noche de una pareja inesperada, diferente, complementaria y fascinante, príncipe y ciudadano: Ronaldo y Casillas.

No tienen nada en común, empezando por sus posiciones, las más alejadas, y siguiendo por sus instintos, uno obsesionado por meter (goles) y el otro por detener, el genio descalzo y el chaval del quinto, el desborde y la contención. Ayer el Madrid ganó por ellos, pocas veces los responsables se distinguen de forma tan clara.

Lo de Ronaldo se veía venir, porque le habían despertado las moscas, algún día se agradecerá nuestra ingrata labor. Y Ronaldo despierto, con algo que le interese (que nos callemos), es como un trailer en una calle peatonal. El caso de Casillas no sorprendió tanto, por lo menos al principio, porque ya estamos acostumbrados a sus pequeños milagros. Pero su actuación se fue engrandeciendo por la repetición hasta convertirse en prodigiosa, soberbia, es imposible hacerlo mejor y el público lo reconoció con una ovación, puesto en pie. Iker sólo ha recibido un gol en seis partidos, un millón de buenas paradas.

A la grandeza del partido contribuyó el Athletic, fantástico en la primera parte y rebelde hasta el final. Y eso que la alineación, sin Urzaiz, hacía sospechar que a Valverde le había entrado un ataque de pánico. Pero no. Aunque su equipo, en teoría, jugaba sin delanteros, en realidad lo hacía con tres: Etxeberria, Ezquerro y el joven Jonan García, 20 años, chico interesante, reflejos de Julen. Todos corrían, todos jugaban, despliegue, repliegue, fútbol total, el premio es otra cosa.

La primera parte rondó el baño, con hasta media docena de ocasiones tremebundas que siempre salvaba Casillas, arriba, abajo, reflejos, bloca, saca, grita, un vuelo a la escuadra, a la esquinita, donde la araña, cañonazo de Tiko a 20 metros.

El Madrid, mientras esto sucedía, trotaba sin mucho sofoco, como si estuviera seguro de que nada malo podía pasarle, ya se nos ocurrirá algo, tan buenos son y tanto se lo creen. Y se les ocurrió algo.

Nació en una jugada embarullada, extraña, posible falta a Aranzubia y el balón convertido en un melón hasta que le cae a Ronaldo y lo revienta, un derechazo sin aspavientos, preciso, seco, en el que la pierna apenas tomó impulso, un calambre, sobaquillo, fuera moscas.

Es de suponer que los jugadores del Athletic, jóvenes en su mayoría, miraron entonces al entrenador, como buscando una solución. Pero no la había. Para ganar en el Bernabéu hay que ser muy bueno, honesto, inteligente, sacrificado y valiente. Pero no basta: hay que rezar. Y que te escuchen. Lo comprobó el Racing.

Daba igual que el centro del campo del Madrid estuviera diluido, ni Beckham ni Guti, gris Zidane, no importaba la falta de cohesión general, la ausencia de plan; el Madrid sólo se sintió a gusto cuando jugaba al contragolpe, cuando reinaba el caos, en el territorio de la imaginación, donde no interviene el entrenador. Allí siempre surge alguien, uno al menos.

El segundo gol de Ronaldo recordó a ese jugador sobrenatural del Barcelona, el que se comía a los defensas. Fue una arrancada salvaje y un tiro impecable. El tercero del Madrid también llevó su sello: avasalló a Lacruz y se la regaló a Figo.

En el madridismo quedó un sabor de boca formidable, de boda, tantas proezas, tan distintas, susto y placer. Pero en el acabado del partido, precioso, se oculta un juego vulgar, excesivamente confiado a la suerte y al talento, demasiados comodines gastados demasiado pronto, ese es el miedo.

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A priori, era complicado que hubiera cambios en la cabeza de la clasificación de Primera. El Deportivo afrontaba una salida accesible como la de Murcia pero fue incapaz de pasar del empate a cero. Así las cosas, el conjunto de Irureta se quedó a expensas de lo que sucediese en el Bernabéu. El Madrid no desaprovechó la oportunidad y derrotó al Athletic, una victoria que le concede el liderato a falta de lo que haga hoy el Valencia. Si gana al Mallorca, empatará con los de Queiroz en el primer puesto.

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