El fútbol reta al olimpismo
Los Juegos Olímpicos de Atenas 04 están a la vuelta de la esquina. Dentro de diez meses ya se estarán celebrando. Quizá sin el fútbol. La resistencia de este deporte a aceptar el código de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) le impediría ir a los Juegos. Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, lo dijo muy claro: "Quien no acepte el código quedará excluido de los Juegos". Rogge se mantiene en su postura y el presidente de la AMA, Richard Pound, ha enviado una carta a Blatter, su homólogo de la FIFA, advirtiéndole de las consecuencias que tendría no firmar el código.
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La respuesta de la FIFA a la advertencia de la AMA llega en modo de desafío. Mientras otros deportes, como el atletismo y la natación, han decidido revisar anteriores análisis en búsqueda de la THG, que ahora se puede detectar, la FIFA dice que no lo permitirá. Está en su derecho, pero cerrar filas cuando hasta Estados Unidos, muy dado a ocultar sus positivos, no ha dudado en poner su atletismo patas arriba, no facilita precisamente un acuerdo. Eso de sacar los trapos sucios y de que un futbolista pueda ser sancionado por dos años no entra en la mentalidad del fútbol profesional.
Lo hemos visto con De Boer en el Barcelona, con Guardiola en Italia, con Gurpegui ahora, positivo desde el 1 de septiembre de 2002 sin que aún se le haya aplicado la sanción. El fútbol no admite castigos ejemplarizantes y si eso es a costa de no ir a los Juegos Olímpicos, pues se queda tan pancho. Ciclismo y tenis, que también rechazan las sanciones largas, se frotan las manos. El fútbol va a dar la cara por ellos. Esperarán a ver qué pasa. Y si con el fútbol se hace una excepción, pues con ellos, también. Será el momento de comprobar si Rogge tiene mano de hierro y acepta el pulso que le van a echar.
