Sólo estoy medio triste...
Noticias relacionadas
Había oído hablar antes de él, pero no conocí personalmente a Emilio Alzamora hasta 1994, cuando llegó al Campeonato del Mundo. Entonces me recordó a un Crivillé que ya era campeón mundial de 125cc: humilde, tímido, poco hablador, serio y, al igual que Álex, también iba en moto como un avión. Tenía un talento natural para ir deprisa, para buscar los límites de un máquina que parecía quedarle pequeña. Nunca lo ha tenido fácil (ni siquiera esta temporada de su despedida) y hubo un momento en que llegué a pensar que su calidad no obtendría recompensa. Por suerte, me equivoqué: en 1999 se convirtió en campeón mundial. El mismo año que Crivi en 500...
Antes de ese éxito, una serie de circunstancias provocaron que conociera bien al otro Alzamora, no al de mono de cuero sino al de los vaqueros y las zapatillas. Y lo que descubrí me gustó casi más que lo anterior. Un tipo divertido, noble, dedicado por entero a su familia y su trabajo, con las ideas muy claras y la única ambición de seguir siendo el mejor en lo que hacía. Y se hizo mi amigo. Ganó dinero, quizá más de lo que nunca hubiera soñado, pero eso no cambió las cosas. Así que hoy estoy sólo medio triste: se va un campeón, un piloto excepcional, pero se queda un tipo estupendo, se lo aseguro. Lo seguiremos pasando bien, Emilio....
