Triunfo a medio gas
Partido espeso del Madrid. Raúl marcó en fuera de juego. Casillas, prodigioso, salvó la victoria final

El partido tenía un aspecto magnífico. Y no sólo por las personalidades que abarrotaban el palco, todas ilustrísimas, desde Aznar, que se lo pasó muy bien en el tenis y había venido a ver si había ola, hasta Kofi Annan, que está en Madrid porque hay una Conferencia de Donantes, que no son de sangre (o sí). También estaba el astronauta Michael López-Alegría (o López Zubero), que había venido a conocer la otra galaxia.
A esto hay que sumar un estadio resplandeciente, noche oscura y foco divino, impecable, con dos equipos que así de lejos parecían de subbuteo, tan bonitos los uniformes. Y por si fuera poco, el Madrid salió con ganas, como que le apetecía mucho, no sé exactamente si por la ONU, por el PP o por la NASA.
Bien, pues a pesar de que se daban todos los requisitos para que bajaran coros de ángeles, el Madrid jamás cogió ritmo. Dominaba totalmente, pero sin música. Entretanto, el Partizán, perfectamente colocado (colocadito, más bien) vivía sometido, pero sin grandes angustias. Les ayudaba el portero, brillantísimo, un tal Pantic, de 23 años y tercer guardameta del equipo, hasta ayer. El chico es un poco Buffon, en el mejor sentido del término.
Los problemas galácticos eran varios, pero podrían resumirse en uno: Zidane no tenía la noche, insistía en dar pases al toro pero no avanzaba la faena. Sin él al timón, Roberto Carlos pierde banda y el Madrid se mecaniza demasiado. Tampoco agilizaba el juego el hecho de que Helguera estuviera demasiado retrasado, casi como un tercer central.
A pesar de todo, el Madrid llegaba, naturalmente, porque es imposible que no lo haga, ya que sus cogorzas son como nuestros momentos de mayor lucidez. Hubo hasta cuatro ocasiones claras en media hora. Y en ninguna de ellas estuvo Ronaldo, que ayer podía haberse puesto una bata guateada porque esa era su actitud, somnolienta, el recién acuñado reposo ronaldiano. Aún así casi marca uno.
Pero el Madrid siempre mata, ya sea porque te alcanza a propósito, porque lo hace con una bala perdida o con un tiro que se le escapa al árbitro. Así fue. Beckham sacó un córner, Figo cabeceó y Raúl remachó en posición de fuera de juego. Digamos que se hacía justicia de forma injusta e ilegal (como en Irak mismamente).
En la segunda parte, Queiroz retiró a Pavón, puso a Helguera de central e incorporó a Guti al centro del campo, movimiento que parecía altamente interesante. Sin embargo, los aciertos del entrenador no dan para mucho disfrute. El partido pedía más cambios y tardaron en llegar. No se puede esperar nada de jugadores como Portillo y Solari si sólo participan diez minutos, así no se cultiva el nervio del banquillo. Tampoco era lógico mantener a Beckham en el campo cuando, a falta de acierto, se había pegado un palizón físico (muy comprometido, muy torero) y cojeaba visiblemente.
Peligro. Eran momentos en los que el Partizán se había estirado (a la fuerza ahorcan) y llegaba al área del Madrid con bastante peligro, tanto que Casillas tuvo que convertirse otra vez en el galáctico de guardia, especialmente en una fabulosa parada que sacó el balón de la mismísima escuadra. Voló tanto que se temió que no bajara nunca. Los serbios debieron pensar que no es justo que, con lo que cuesta llegar a su portería, el Madrid tenga portero. Podría ser un tema para debatir en la ONU, aunque lo vetarían.
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El partido se agotó con unos momentos de enajenación de Guti, que la tomó con un muchacho del Partizán que debió hacerle algo horrible aunque no se vio. Estos son los gestos que no le favorecen.
El palco se quedó satisfecho, aunque no hubo ola. Aznar se fue feliz porque España va bien y Annan igual de contento porque es de Ghana. López-Alegría también quedó fascinado, hay vida en Marte.