Doblete español
Igor Astarloa y Alejandro Valverde emularon la gesta de Abraham Olano y Miguel Indurain en Colombia 1995 y lograron el oro y la plata en el Mundial


Un nudo en la garganta, lo prometo! Igor Astarloa, vizcaíno de Ermua, medalla de oro. Alejandro Valverde, murciano de Las Lumbreras, plata. Y Óscar Freire, el doble maillot arcoiris, ganó el sprint del pelotón, por si acaso, y acabó noveno. Lágrimas, abrazos, unión... ¡La que hemos liado!, exclamaba Luis Pérez ¡Qué lujo de equipo! La Selección ha tenido que cruzar otra vez el Atlántico para igualar el histórico doblete de Abraham Olano y Miguel Indurain en Colombia 1995. Y no solamente eso: ya van tres títulos mundiales en cinco ediciones. La piel de gallina, lo prometo.
El deporte, como la vida, puede cambiar en cuestión de segundos. Porque en la primera parte del Mundial, aunque los engranajes del equipo funcionaron como un reloj, los acontecimientos no auguraban un desenlace glorioso. Eran las 9:00 de la mañana en Hamilton (15:00 en España) cuando se dio el pistoletazo de salida. El tiro debió atinar en una nube, porque justo entonces rompió a llover. Muy poco, pero lo justo para que la carretera se pusiera muy peligrosa y para que Óscar Sevilla, arrollado por el italiano Fabio Sacchi, se pegara un morrazo en la primera vuelta. Uno menos. Mal inicio. Este chico edifica una casa con Igor Galdeano y se les cae antes de estrenarla.
"Lo siento mucho", le dijo Sevilla a Freire al final del Campeonato. Porque el cántabro, aunque ayer no ganó, sigue siendo en jefe del equipo, el espíritu del Mundial, el hombre que ha convencido a sus propios compañeros de que los españoles también pueden ganar las clásicas, de que tenemos dos piernas igual que los demás. "No pasa nada", le respondió. Y es que Óscar sufrió también en sus carnes la mala suerte: pinchó en la 9ª vuelta, cambió dos veces de bicicleta por una avería en la cadena en la 18ª vuelta...
Las vibraciones no eran buenas, pero la vida cambia en un suspiro. En la última vuelta, Freire se acercó a su lugarteniente Igor Astarloa y le dijo: "Intenta irte con Paolo Bettini cuando ataque en el repecho. Si no llegáis, yo pruebo rematar después al sprint". Dicho y hecho. El vizcaíno se marchó en la subida con el italiano, con el belga Peter Van Petegem, con el suizo Oscar Camenzind, con el holandés Michael Boogerd y con el danés Bo Hamburger.
Este grupo ya iba en serio, ¡vaya que sí!, porque todos sus representantes habían ganado carreras de la Copa del Mundo, a excepción de Hamburger y Astarloa, pero éstos han vencido en la Flecha Valona, que viene a ser prácticamente lo mismo. Luego se supo, porque así lo denunció Igor, que Bettini le había intentado comprar el Mundial. Feo gesto de un campeonísimo como él, el rey de las clásicas en las dos últimas temporadas.
El sexteto llegó al último repecho. El pelotón, tirado por Alemania y Estados Unidos, echaba su aliento por detrás. Y entonces Astarloa arrancó con valentía. "Si corona con cuatro segundos, gana", decía Manolo Saiz en el box español. "No te creas, que pega el viento de cara", le respondía Igor Galdeano.
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Pero contra viento y marea, ayer era el día de Igor Astarloa, el otro gran clasicómano español. Coronó con ocho segundos. Suficiente. "¡Campeón del mundo!", se oía en el box español. Por si acaso, Alejandro Valverde había enlazado por detrás con el grupo perseguidor, donde hizo de secante. Perfecto. "¡A qué hacemos doble!", rugía la carpa.
Astarloa, un hombre que tuvo que emigrar a Italia siendo todavía amateur porque nadie le quería pasar a profesionales en España, un clasicómano que el año pasado pujó por la victoria en la Copa del Mundo y esta temporada se ha impuesto en la Flecha Valona, era el nuevo campeón del mundo. Y por detrás, Alejandro Valverde, el futuro con mayúsculas, mantenía una frialdad inusual para sus 23 años, cogía la estela de Peter Van Petegem, todo un ganador del Tour de Flandes y la París-Roubaix, y le birlaba la plata.