El 'efecto Perico' es la esperanza de Heras
La sierra central mide a Nozal frente a las emboscadas


El 11 de mayo de 1985, una emboscada condujo a Pedro Delgado a su primer triunfo en la Vuelta a España y hundió al siempre gafado Robert Millar. Fue en la sierra central, en Segovia y Madrid, el mismo lugar donde Isidro Nozal deberá defenderse hoy de la penúltima acometida de Roberto Heras.
El efecto Perico, unido a una gran cronoescalada mañana en Abantos, es la esperanza que le resta a Heras. "Posible sí es, porque ya ha ocurrido. Las casualidades se pueden volver a dar, pero...", dice Delgado, aunque ni él mismo confía en que la historia se repita: "Roberto está obligado a intentarlo, pero Nozal estará arropado por un gran equipo. Si ataca en Navacerrada, no creo que pueda sacar más de un minuto. Y si lo hace en los Leones, tendrían que conjugarse muchos factores por delante para sorprender a la ONCE".
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Esas "casualidades" sí se dieron en la vida de Perico: "Aquel 11 de mayo pasaron dos cosas. Por un lado, que Robert Millar estaba marcando al segundo y tercer clasificados, Cabestany y Pacho Rodríguez, y ninguno de ellos participó en la caza. Peio, porque era mi compañero, y Pacho, porque Javier Mínguez no quiso. Por otro, el director de Millar (Roland Berland) no le dio bien las referencias". Unos años después, en 1989, Delgado estuvo a punto de vivir el caso al revés con un ataque de Fabio Parra. "Pero atrás hubo tanta colaboración como adelante y le pude recortar", apunta Perico.
La historia, realmente, no ha vuelto a repetirse. Y Nozal está cada día "más confiado y seguro". "El mayor peligro somos nosotros mismos, pero sé que mi equipo me arropara. No me da miedo esta etapa, aunque sí respeto y expectativa".