Primera | Atlético 0 - Valencia 3

Recital de Aimar

El Pibe se inventó el gol de Vicente y los dos de Mista con su fútbol-arte ante un Atlético que todavía no sabe a qué juega

<b>ESTRELLA Y GOLEADOR</B>. Aimar, la estrella que rompió el partido con un juego de altos vuelos, se abraza a Mista el bigoleador de la noche.
Manolete
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La clase de Aimar se saboreó en el Calderón. Fue el factor desequilibrante, junto con la experiencia del Valencia, para ganar claramente a un Atlético que todavía sigue sin tener nada claro a qué juega. La revolución de Manzano sirvió de poco ya que el equipo está cargado de ansiedad y nerviosismo por los malos resultados. La lección del Pibe es de las que no se olvidan. Domina como nadie las zonas desocupadas del adversario y en el segundo tiempo deslumbró al personal. Inapelable la victoria y, sobre todo, el espectáculo que dan los grandes futbolistas cuando utilizan la imaginación para sacar petróleo de la nada.

¡Que pena de primer tiempo ofrecieron Atlético y Valencia! La revolución de Manzano aportó muchos nervios y pocas ideas. La gente de Benítez jugó a lo suyo. Bien ubicado en el campo, controlando el partido y sabiendo aprovechar las pocas ocasiones que crean en el área rival. Bajo estos principios, choque físico, de trenes, táctico. Solamente Vicente, Baraja y Aimar permitieron que el Mono luciera sus virtudes y sembraron el miedo en un Calderón ansioso de ver fútbol.

Fueron cuarenta y cinco minutos casposos y con pocas virtudes atacantes. Salvo los bríos iniciales rojiblancos, la experiencia de Albelda y Baraja en el centro del campo decantó la balanza del color visitante, que fue el único que tuvo algo de mordiente. Salvo un buen centro de Rodrigo al que llegó tarde Torres, el resto tuvo color valencianista. Al Atlético le quemaba la pelota y salvo el buen oficio de Lequi atrás y la pelea de Rivas de mediocentro, el resto nada de nada. Las bandas seguían estando olvidadas. A falta de diez minutos empezó a calentar Ibagaza y el espíritu atlético comenzó a creer en el milagro. El Valencia acababa como amo y señor del choque. Cañizares no llegó a sudar.

Seguridad. Con la salida del Caño parecía que el Atlético subía enteros y hasta Diego Rivas lanzó un chutazo que despertó a Cañizares. Los rojiblancos tenían ya cierta entidad en su futbol, auque el Niño seguía estando aislado, ya que las bandas, con Paunovic y Rodrigo, seguían llenas de polvo. El Valencia no se arrugaba ni perdía su entidad, gracias al trabajo de Albelda y Baraja. Al final llegó el gol de Vicente en una genialidad de Aimar.

Pese a los cambios de Manzano, el partido estaba sentenciado y la rubrica la puso Aimar dando una asistencia magistral a Mista para acabar con cualquier posibilidad de alternativa atlética . El Atlético se entregó, claudicó y asumió de manera clara su inferioridad. En ningún momento pudo ni siquiera toser a un bloque está perfectamente asentado y que se siente seguro en todo lo que hace. Al final nuevo joya de Aimar y Mista establece la goleada. La solidez del Valencia, era una meta imposible para la candidez de los rojiblancos.

Aimar permitió que la gente disfrutase de un partido con escasos lumbreras en los minutos finales. El Atlético entra en una semana complicada, y lo que es peor, tiene que hallar una fórmula de juego que todavía no ha encontrado. Los de Benítez suben su moral a tope para recibir a los galácticos. Sus futbolistas se conocen de memoria y no comete un fallo. El Atlético son once futbolistas sin sentido.

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