Ciclismo | 10ª etapa

Zabel sorprende

El corredor alemán batió en el sprint a Petacchi, que adelantó su ataque

<b>LA BATALLA NO CESA.</B> Sevilla comanda al grupo que intentó la fuga en la jornada de ayer.
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Ojalá Freire fuera como Zabel, visto que lo de Jalabert se está poniendo imposible. Habrá quien diga que el alemán no ha ganado dos campeonatos del mundo y será difícil que los gane, habrá quien piense que se le está pasando el arroz, incluso el chucrut. Y aunque eso es verdad, ojalá Freire fuera como Zabel.

Si el ciclismo tuviera algo que ver con los matrimonios, que pudiera ser (hachazos, demarrajes, incluso pájaras), Zabel, de 33 años, sería el marido ideal. Porque se trata de un ejemplo de constancia, sacrificio y fidelidad. Siempre ha corrido en el Telekom (desde el 93), ha ganado seis veces la regularidad del Tour (récord) y una la de la Vuelta, además de otras victorias hasta rozar las 200. Eso le ha convertido en un fijo de los podios y, como es un tipo familiar, nos ha permitido disfrutar del saludable crecimiento de sus hijos.

Ayer Zabel se aprovechó de un sprint extraño para superar a Petacchi, un tanto sobradito. Era su única opción. Varios fugados llegaron hasta la última recta y el italiano se vio obligado a saltar antes de que sus compañeros terminaran su trabajo. Pero a su rueda se colgó Zabel, que midió mejor las distancias y acabó ganando, con cierto susto, eso sí.

Mientras Zabel disfrutaba del triunfo en compañía (telefónica) de su entrañable familia, Cipollini presentaba el concurso de Miss Italia rodeado de decenas bellezas, hay que ser superficial.

La etapa, prevista de transición, fue más bien todo lo contrario, puro hip-hop. Y así no hay quien se escape, aunque hubo intentos. Probaron, por ejemplo, Sevilla y Mercado, así un poco disimulando, con la excusa del tiempo perdido y lo malitos que estamos. Y acompañados de otros siete valientes alcanzaron los tres minutos de ventaja. Pero siempre hay alguien a quien se le cruzan los cables (del pinganillo, mayormente) y comienza la caza despiadada. Fassa Bortolo, casi siempre, y la enigmática ONCE, por momentos, tomaron la iniciativa y terminaron por controlar lo incontrolable.

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Último intento. Porque es imposible pacificar un pelotón donde esté Luis Pérez, bastante más inquieto que Brooklyn. La última revuelta fue culpa suya y a ella se unieron Astarloa, Vicioso y Alberto Martínez, todos ellos clase media-alta. Sus esperanzas llegaron hasta el último kilómetro, pero era como hacer surf dentro de una ola, imposible que no te atrape.

Hoy los corredores disfrutarán del merecido día descanso (temo por Nozal, allí solo en el hotel), una jornada idónea para las profundas reflexiones. Por ejemplo: recibo algunas críticas (o incomprensiones, que son lo mismo) por los desmedidos elogios a la morena que pone el maillot oro y a la que asedia últimamente el muñeco del Xacobeo. Diré que lo especial nunca es fácil, aunque admito que las azafatas de la Vuelta arrastran el estigma de Leticia Sabater. De nuestra morena depende la revolución.

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