"A ratos me dan ganas de llorar"
La caída de Óscar Sevilla el pasado lunes en Santander está teniendo peores consecuencias de las esperadas. Ese mismo día tuvo que visitar dos veces el hospital, del que salió a la una de la madrugada. Lleva dos etapas con dificultades para seguir el ritmo. Ayer hasta pensó en la retirada.


Se ha quedado descolgado de salida. ¿Cómo ha logrado salvar el día?
He tenido una mala salida y tengo que admitir que he estado a punto de abandonar. Menos mal que tengo unos compañeros excelentes. El equipo me ha salvado con su apoyo.
¿Dice usted que casi abandona? ¿Tan mal se ha visto?
Muy mal, muy mal. Si te quedas descolgado en el kilómetros dos de la etapa, lo normal es pensar en lo peor. Estaba muy dolorido y he tenido que sufrir mucho para continuar.
Luego, sin embargo, ha superado los abanicos.
Se ha salido violento y me ha costado calentar, pero poco a poco he ido entrando y he ido yendo de menos a más. Al final me encontré mejor.
No es la situación ideal para la contrarreloj de hoy.
No lo es. Ahora lo que más me preocupa es la crono, porque no sé en qué medida me afectará la caída. El martes lo pasé muy mal y ayer, también. Ojalá me ayude Dios para que ya haya cubierto el cupo.
¿Cuánto calcula que puede perder hoy en la contrarreloj?
En condiciones normales, en torno a un minuto. Pero dependerá de las sensaciones y del dolor.
¿Qué parte del cuerpo es la que más le duele?
Todo. Las dos rodillas, donde también tengo un problema de tendones... Una microrrotura de fibras en un gemelo, un golpe en un hombro, el hematoma de la cadera.... Estoy hecho un auténtico cromo.
¿Y la moral?
También mal. Estoy muy fastidiado, claro. Llevo todo el año en blanco por el problema del forúnculo y ahora me veo así en la Vuelta. Estoy bastante preocupado. Pero seguiré dándolo todo, no me rendiré.
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Parecía difícil que usted repitiera un año tan negro como el pasado, pero está siendo aún peor. ¿No se deprime?
Sinceramente, a ratos, cuando lo pienso a solas, me entran ganas de llorar.