La lluvia impide jugar por tercer día consecutivo
La organización quiere colocar una cubierta en las próximas ediciones

Los organizadores del US Open intentaron ayer calmar la revuelta de los jugadores y aficionados que se preguntan por qué el torneo más importante que se celebra en Estados Unidos no tiene un estadio cubierto. El enfado domina las caras de los jugadores y de los espectadores, que se han cansado de pagar perritos calientes a cuatro dólares, cervezas a seis dólares y paraguas a 25.
"¿Seguro que no estamos en Wimblendon?", se preguntaba ayer Anastasia Myskina, que esperaba la aparición de un sol que se negó a salir durante todo el día para terminar su partido de cuartos de final con Mary Pierce. Arlen Kantarian, el presidente de la asociación de tenistas profesionales de Estados Unidos, reveló que la organización del Open ha hablado con una empresa fabricante de cubiertas para estadios deportivos. "Nuestra intención es colocarla en el Estadio Ashe".
Hacía años que no llovía tanto y que la organización debía suspender tantos encuentros. En los dos últimos días se han jugado unas seis horas acumuladas y se han debido aplazar los octavos de final masculinos y los cuartos femeninos.
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Nadie pudo terminar sus partidos
Kim Clijsters y Amelie Mauresmo aprovecharon un hueco sin lluvia para disputar tres juegos de su encuentro de cuartos. Clijsters se puso por delante de Mauresmo por 3-0. El lunes por la noche, Ferrero pudo iniciar su encuentro con Todd Martin antes de que la lluvia obligara a la suspensión. El campeón del Roland Garros llevaba una ventaja de 6-2 cuando volvieron las lluvias. Guillermo Coria iba por delante de Jonas Bjorkman por 6-2 y 2-0 y Paradorn Srichaphan llevaba ventaja frente a Lleyton Hewitt por 4-3.