Becks y Queiroz bajo la lupa
El Bernabéu examinará al fichaje estrella y al nuevo director de la orquesta. El portugués podría volver a situar al inglés en la derecha. Makelele es baja

Nunca pensé que acabaría pidiendo cariño para Beckham, y lo pido, jamás imaginé que terminaría ejerciendo de presidente de su club de fans. ¿Que cómo se puede llegar a algo así? Pues degenerando, como dijo el torero. Me parece injusto que Becks pague los platos que no ha roto.
Después de dos partidos malos, algunos le hacen responsable de la Guerra de Kosovo, y resulta excesivo. Es como si tuviera que pagar por ser guapo y famoso, como si eso le convirtiera en sospechoso de alguna traición al fútbol. Es sólo un póster, un Kournikovo, dicen los que se burlan.
Beckham debuta hoy en el Bernabéu y está por ver si los aficionados del Madrid conseguirán liberarse de los prejuicios. Será necesario para ello que entiendan que Beckham no es un salvador, sino un converso, una bandera arrebatada al enemigo, un amuleto, la pata de conejo que se acaricia mientras se galopa en los lomos de Ronaldo. Y también juega, incluso corre. Pero no sólo será un partido especial para Beckham, también para Queiroz. Esperábamos de él un librillo logarítmico y de momento nos encontramos un libro de poemas, poesía eres tú. Y un entrenador puede ser arrogante o serio o chistoso, pero lo que no puede ser jamás es melancólico. Si el Madrid pierde hoy el título, Queiroz empezará la Liga con dos hermosas y poéticas banderillas.
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En lo estrictamente deportivo será baja Makelele, que no jugará porque tiene fiebre, 37,5º, una temperatura que cualquier especialista en pellas sabe que se alcanza comiéndote una tiza y echándole cara. Habrá que estar pendientes de si Pavón se recupera del virus de la ensaimada o si ha llegado de nuevo la hora para Rubén.
Respecto a Raúl, también con problemas de estómago, tendría que estar muy mal para perderse el partido. Por si acaso, Portillo se afila los dientes. El Mallorca no hubiera soñado un desembarco mejor. Su victoria en la ida fue como una revelación: se ven capaces, se sienten buenos y se imaginan con la copa, sobre todo Olaizola y Nadal. Tan sólo la inminente salida de Ibagaza, el líder espiritual, podría desestabilizar al equipo. El gran riesgo del Mallorca será que Pacheco se venga arriba y acepte el intercambio de golpes. Etoo, como siempre, será el puñal. El Mallorca se relame. El Madrid con el agua al cuello. Ocurra lo que ocurra, habrá héroes.