Valentino hace de sus triunfos un espectáculo
El Doctor lo pasa en grande con lo que hace e intenta llevar la diversión hasta las últimas consecuencias

Cada victoria de Valentino Rossi se ha convertido en un espectáculo doble. Primero, turno para su habilidad en pista; después, la incertidumbre de la sorpresa, gamberrada o show (como prefieran) que el italiano y su club de fans idean para festejar sus triunfos. El Doctor lo pasa en grande con lo que hace, de eso no hay duda, e intenta llevar la diversión hasta las últimas consecuencias.
Todo comenzó en 1997, cuando ganó el GP de Italia. En la vuelta de honor, sobre la Aprilia del vencedor, una muñeca hinchable. Un jovencísimo y descarado Rossi dijo que él también tenía a su chica en las carreras, como Max Biaggi, ya entonces un ídolo consagrado al que se relacionaba con la supermodelo Naomi Campbell....
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Aquello fue invención suya, pero desde entonces ha contado con la colaboración de sus seguidores, que le ayudan en la realización de las más disparatadas iniciativas. La del domingo en Brno superó con mucho al resto de las puestas en escena de sus celebraciones, pero no han faltado otras tan originales como disfrazarse de Robin Hood, subir al podio con un pollo desplumado, dejarse multar al borde de la pista por exceso de velocidad...
Casi todo vale, aunque a veces el exceso de imaginación le ha acarreado algún disgustillo: en Jerez 99, se detuvo en uno de los urinarios del circuito y su imaginario pipí ante las cámara de televisión de medio mundo le costó una fuerte multa.
